Más allá de los límites de la ciudad (Kohák, Thoreau)

[Lectura: 9 min.]

1. En la ciudad

“Pasamos gran parte de nuestras vidas encerrados en cubículos de hormigón, cegados y ensordecidos por el resplandor y el estruendo electrónicos.” (Kohák, Entre las brasas y las estrellas, 12)

Sky Reloaded, Pati John

Entre muros y circuitos, no hay otro entorno ni otro Mundo; este es el que se ha construido dentro de la ciudad. Mientras se piense que ésta es solo un refugio frente a las amenazas del entorno natural, no se atenderá a que se ha vuelto un todo para el ser humano. Como entidad, vive casi por sí misma y, en su interior, millones la nutren sin conocer otra cosa que su propia lógica.

Para Erazim Kohák, la ciudad y sus artefactos ciegan al ser humano de cualquier otra cosa que no sea esta misma. Este «velo de los artefactos» privaría la posibilidad de captar un sentido más profundo de la realidad, uno capaz de trascender la pura articulación de la técnica moderna y sus tecnologías (ver Heidegger, Ellul). Estas, dice él, han provocado un descolocamiento del ser humano en relación a su puesto y sentido dentro del cosmos. Todos los significados en los que se mueve día a día quedan restringidos al mundo que ha fabricado:

“En un mundo de artefactos, el «hombre» es, en efecto, la «medida de todas las cosas»; el ser humano, como productor y consumidor, es aquí, de hecho, la fuente de todo significado en medio de un sistema mecánico.” (Kohák, 23)

No hay prácticamente nada para el individuo que exceda la ciudad moderna y sus tecnologías. La ajetreada y absorbente vida en la ciudad vive del artificio y no conoce otra cosa más que artificio. Construye, al fin, “… un mundo en el que no hay más que seres humanos y sus obras, desprovisto de un «Otro»…” (ES 21). El encierro se vuelve costumbre y quedan pocos espacios para ver más allá.

E incluso cuando en la ciudad se alza la mirada hacia el cielo nocturno, la luz artificial infatigable encandila la mirada, ocultando el cosmos estrellado en el cual nos encontramos. Si bien el ser humano cuenta con luz a toda hora para ocuparse de sus herramientas y objetivos, esa misma luz y actividad incesante lo ciegan para una reflexión más profunda de su lugar en el todo, más allá de la ciudad. El ser humano, en pocas palabras, se acostumbra a vivir bajo el manto de una noche sin estrellas:

“Rodeados de artefactos y construcciones, tendemos a perder de vista, tanto en sentido literal como metafórico, el ritmo del día y de la noche, las fases de la luna y el cambio de las estaciones, la vida del cosmos y nuestro lugar en él.” (Kohák, x)

¿Es posible ver algo más allá? Kohák, como Thoreau un siglo antes, se encaminó al umbral entre la ciudad y la naturaleza. Ahí, también desde una cabaña remota, realizó un «paréntesis fenomenológico», una reducción de todo el aparataje técnico que absorbe la conciencia dentro de la ciudad. Y así como Thoreau palpó el valor de la vida elemental en la naturaleza, Kohák, entre las brasas del fuego y el oscuro cielo estrellado, se adentró sobre lo que aparece cuando el velo tecnológico se retira, cuando comienza a abrirse un Mundo mucho más amplio, al cual pertenecemos.
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Ser primate, ser humano (II) Frans de Waal

[Lectura: 6 min.]

La otra cara de la moneda: bonobos

Parte II: tras la propagación de la idea de la agresividad en los chimpancés (parte I - Goodall), se desarrollan nuevos estudios que ponen en cuestión el predominio de este rasgo en todo primate.

a) Pacifismo y sexualidad

“Entre los bonobos no se producen guerras a muerte, apenas cazan, los machos no dominan a las hembras, y hay mucho, mucho sexo. (…) Los bonobos hacen el amor, no la guerra. Son los hippies del mundo primate.” (De Waal, El mono que llevamos dentro 43)

Frans de Waal (1979) *

Junto con los chimpancés, los bonobos son nuestros parientes más cercanos (99% de similitud en el ADN). Inicialmente, se los consideró un tipo de chimpancé (“pigmeo” o pan troglodytes paniscus). Pero algunas diferencias morfológicas y notables distinciones conductuales, ameritaron que se los considerara una especie propia (pan paniscus). En 1954, Tratz y Heck publicaron uno de los primeros estudios donde se destacaba dicha diferencia:

“El bonobo es una criatura extraordinariamente sensible y tierna, muy alejada de la Urkraft (fuerza primitiva) demoniaca del chimpancé adulto.” (Tratz y Heck en De Waal, 42)

Los bonobos, al contrario del sistema patriarcal y competitivo de los chimpancés, se organizan en un matriarcado liderado por una hembra veterana. Y aunque los machos siguen siendo más fuertes y grandes, las hembras consiguen controlarlos cooperando entre ellas y reduciendo las tensiones grupales por medio de una abundante vida sexual.

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Ser primate, ser humano (I) Jane Goodall

[Lectura: 8 min.]

Ser humano: ¿un animal más?

¿Somos un animal más entre otros? El ser humano, con un amplio dominio sobre el planeta, tiene dificultades para reconocer la cercanía de su naturaleza con otras especies. Y no por nada, el desarrollo de su lenguaje, su tecnología y organización social han alcanzado un grado de complejidad que parece no tener comparación. Sin embargo, en la proximidad de algunas de las especies más cercanas, mucho de lo que creemos único en el Homo sapiens, queda en franca cuestión.

En el trato cotidiano con diversos animales, como nuestras mascotas, aunque reconocemos algo de “humanidad” en sus conductas, tendemos a mantenerlas en una categoría lejana. Algo distinto, sin embargo, ocurre al observar directamente al rostro y los ojos de uno de los grandes simios. En la mirada de un chimpancé, un bonobo, un orangután o un gorila pareciera expresarse un reflejo de nuestro propio ser. Y la evidencia es abundante, pues junto con compartir nada menos que entre el 98 y 99% de ADN, las observaciones acumuladas no han hecho sino intensificar la idea de que están mucho más cerca de nosotros de lo que solemos creer.

Pero, ¿por qué insistir en esta comparación? ¿Importan estas similitudes, cuando el hecho final es que solo el Homo sapiens se ha expandido por el planeta?

La naturaleza nos ofrece un espejo. En los grandes simios podemos ver no solo huellas de nuestros antiguos ancestros, sino también parte de lo que radica en el fondo de nuestro ser hasta el día de hoy.

A continuación, siguiendo a los etólogos y primatólogos Jane Goodall y Frans de Waal, se revisará dicho reflejo atendiendo a las dos especies vivas más cercanas: el chimpancé y el bonobo. Con estas se ahondará en nuestra innegable condición de ser primates, y en la posibilidad que tenemos de ir más allá de esta.

Homo sapiens en el reino animal

Dominio Reino Filo Clase Orden Familia Género Especie
Eucaria Animalia Cordados Mammalia Primate Homínidos Homo Sapiens

➤ Primates o “primeros” (desplegar)
  • Infraorden Simiformes (antropoides, monos y simios)
    • Familia Hilobátidos (simios menores, como Gibones)
    • Familia Homínidos (grandes simios)
      • Subfamilia Ponginae (Orangutanes)
      • Subfamilia Homininae (Chimpancés, Bonobos, Gorilas, Humanos)
        • Tribu Gorillini (Gorilas)
        • Tribu Hominini (Chimpancés, Bonobos, Humanos y especies relacionadas extintas)
          • Subtribu Panina
            • Género Pan
              • Pan troglodytes (chimpancé común)
              • Pan paniscus (bonobo)
          • Subtribu Hominina (humanos y especies relacionadas extintas)
            • Género Homo
              • Especies Homo habilis, Homo erectus, Homo neanderthalensis, etc.
              • Especie Homo sapiens (única viva)

Fuente: Parker, Evolución 506.

 


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El origen o la emergencia de la ciudad

[Lectura: 13 min.]

La morada de la vida colectiva y el camino a la ciudad

No solo el ser humano ha demostrado históricamente su tendencia a vivir de forma conjunta, sino también muchos otros animales parecen tender a la vida gregaria. De igual modo, no solo el ser humano ha edificado y alterado su entorno, también otras especies han construido refugios y moradas colectivas. Insectos sociales capaces de crear hormigueros, termiteros y colmenas; u otros mamíferos con gran impacto ambiental, como los castores, con sus impresionantes diques y represas.

Aunque es cierto que las moradas colectivas del ser humano parecen tener una complejidad mucho mayor al del resto de las especies, no es del todo claro lo que las hace propiamente humanas. Tampoco resulta claro que sean algo necesario para el ser humano. No puede obviarse el hecho que éste vivió alrededor de 200.000 años como cazador recolector, trasladándose y obteniendo sus recursos sin poseer lugar fijo.  Fue tan solo hace 14.000 – 11.000 años atrás que creó sus primeros asentamientos, y apenas hace 6.000 – 5.000 años – el 3 % de la historia del Homo sapiens – que logró edificar y vivir realmente en ciudades como tal.

Eridu (Mesopotamia Meridional, 6.000 a.p.) Una de las primeras ciudades de la humanidad.

Como se verá, siguiendo a Gordon Childe, Lewis Mumford y otros, no solo los primeros asentamientos y aldeas, sino sobre todo la «revolución urbana» o «la emergencia de la ciudad» provocarán un cambio tan importante que no tendrá comparación con ninguna otra especie.

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Ser humano y conducta instrumental: medios para medios

[Lectura: 5 min.]

El uso de instrumentos no es exclusivo del género humano

¿En qué punto se produce la emergencia de la tecnología tal como la reconocemos en el ser humano? Pues, de hecho, el uso de instrumentos (objetos que permiten alterar el entorno en vistas de algún fin) no es algo exclusivo de la humanidad.

Mono capuchino (Sapajus libidinosus)

En los animales ya se observan conductas instrumentales. Las aves recolectan ramas y objetos del medio para confeccionar sus nidos destinados a sus polluelos. También los primates, como el mono capuchino, usan rocas para romper frutos para obtener sus alimentos (*).

En estos casos y otros similares, se observa el empleo de objetos del entorno como medios para un fin, ya sea de un modo directo y oportunista (tomar una roca y romper un fruto), o construyendo algo para un propósito determinado (un nido para incubar y criar).

E incluso hay casos de animales que demuestran una conducta instrumental mucho más desarrollada, volviendo aún más difusa la diferencia esencial en este tipo de comportamientos respecto del ser humano.

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Hitos de la historia de la vida

[Lectura: 29 min.]

“Hay 4 millones de tipos de animales y plantas en el mundo: 4 millones de soluciones distintas a los problemas de mantenerse con vida”. (David Attenborough, La vida en la Tierra, 1979)

Aunque hoy ya hay mucho más de 8 millones de especies conocidas entre plantas, animales y otros seres vivos, la esencia del asunto se mantiene: cada nueva especie representa un intento de solucionar el problema de la supervivencia y la conservación de la vida en un medio planetario en constante cambio.

En lo que sigue, se presenta una cronología de algunos de los principales hitos de esta historia evolutiva en la Tierra.

– En constante construcción (ultima actualización 06-01-2024).
– Click en las imágenes para verlas en formato grande.
– Fuentes principales:  Evolución, Toda la Historia, Steve Parker, Ed. Blume 2018; Big History, David Christian et al, Ed. DK MacQuaire University; Enciclopedia Britannica online; Introducción a la prehistoria, Fullola Pericot y otros, Ed. UOC. Fuentes secundarias (puntuales) se remiten en enlaces directos.

Índice

1. Eón Hádico (4.540 – 4000 Ma)
2. Eón Arcaico (4.000 – 2.500 Ma)
3. Eón Proterozoico (2.500 Ma – 541 Ma)
4. Eón Fanerozoico (541 Ma – hoy)


1. Eón Hádico (4.540 – 4000 Ma)

Sin evidencias de vida.
– Primeros océanos (4.200- 4.400 Ma)*: hábitat para química de la vida, moléculas orgánicas complejas.

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