1. Le Corbusier: una ciudad-máquina bien ordenada
“¡Una ciudad! Es la toma de control del hombre sobre la naturaleza. Es una acción humana contra la naturaleza, un organismo humano de protección y trabajo. Es una creación.” (Le Corbusier, La ciudad del futuro, 7)
Desde hace milenios la ciudad ha sido uno de los artefactos más importantes por los cuales el ser humano ha ganado dominio sobre su medio natural. Con la emergencia de la ciudad se consiguió mejorar el límite frente a los peligros del entorno, así como dar compartimentos a las funciones cada vez más complejas de la organización social.

Para el urbanista y pensador Le Corbusier, en la ciudad el ser humano busca crear un orden propio, un refugio para su subsistencia y el desarrollo de su ser, liberándose de las dificultades que impone la naturaleza:
“En la naturaleza caótica, el hombre para su seguridad se crea un ambiente, una zona de protección que esté en armonía con lo que él es y con lo que piensa.” (CF, 21)
Ahora bien, desde el siglo XIX, las revoluciones industriales produjeron un crecimiento exponencial de las ciudades. El desarrollo tecnológico, el crecimiento de la población y las migraciones masivas del campo a la ciudad aumentaron el tamaño y complejidad de la urbe. Este crecimiento, a su vez, lejos de permitir una maduración armónica, derivó en una expansión mal planificada, una sumatoria de partes mal organizadas.
“En el actual fenómeno urbano todo es confusión, todo se contradice, nada está clasificado.” (CF, 134)
Pero para Le Corbusier, la industrialización y la «época maquinista» no fueron la causa esencial del problema. A su juicio, el crecimiento espontáneo y sin administración creó un aparato sin diseño. La solución, por tanto, no radicaba en ir contra el espíritu técnico de la época, sino en reorganizar la ciudad para hacerla funcional. Y, para este objetivo, el principio rector debía ser el fundamento mismo del maquinismo, lo ´que él llama el «ideal geométrico»:
“La máquina procede de la geometría. Toda la época contemporánea, por tanto, es, esencialmente, geometría; su ideal lo orienta hacia los goces de la geometría.” (CF, 7)
La geometría -precisa y alejada del puro azar- tendría el potencial de rectificar la situación de las grandes ciudades. Otorgaría, como se verá, un flujo rápido y eficaz en el trabajo, así como una organización armónica de sus espacios para satisfacer las principales necesidades humanas.
Sin embargo, como se verá al final siguiendo a E. M. Forster, algo ocurre cuando el orden y la razón geométrica se expande en toda la ciudad. Porque aunque resulta deseable un mayor orden interno, su perfeccionamiento sin límites puede conducir a una ciudad encerrada en sí, alejada de otros aspectos valiosos para el ser humano.
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