Reflexión en filosofía, ciencias y humanidades. *Textos 100% humanos, NO IA
Sloterdijk: separación, retiro y ejercicio
[Lectura: 7min.]
Retiro y separación
En la infatigable marcha de la vida moderna, en medio de trabajos y actividades interminables, puede irrumpir un llamado al «retiro».
Diógenes (Jean-Léon Gerôme, 1860)
En la corriente del día a día, marcada por el estrés, la ansiedad, el desencanto y la falta de sentido, puede producirse un quiebre, un rechazo rotundo a lo que sostiene ese modo de vivir. Y aunque la mayoría se resigne o busque modos de adaptarse, existen casos destacados y excepcionales en los cuales surge la exigencia de salir de la corriente dominante.
A esta separación, o alejamiento radical de la norma de vida, Peter Sloterdijk lo llama «espíritu de secesión»:
“… la retirada del individuo de la forma de ser que está sumergida en la corriente de los asuntos del mundo, (…) la salida del río de la vida, a fin de encontrar un sitio en la orilla.” (Has de cambiar tu vida, 291)
Este es el «sujeto recesivo», el que retrocede frente a la marcha de la vida normal. Toma la decisión improbable, excéntrica y extraordinaria de separarse de las reglas que subyacen a la vida humana dominante. En vez de dejarse arrastrar por el río, se retira a la orilla en búsqueda de otras posibilidades.
Retiro del «mundo»
Sin embargo, el «espíritu de secesión» no es exclusivamente moderno. De hecho, explica Sloterdijk, es posible rastrearlo incluso con más fuerzas en la antigüedad y el medioevo. En estas épocas, la cultura y la religión empujaron al individuo a concentrarse sobre sí mismo, a buscar su propia transformación para alcanzar la sabiduría o la salvación. No así en la época moderna, donde las fuerzas sociales provocan a sus miembros al trabajo y la producción incesante, a la transformación sostenida del mundo externo y sus cosas.
San Antonio Abad en un paisaje (Juan Bautista Maíno)
De cualquier forma, en todos esos casos el secesionista siempre será el que rompa de raíz con las maneras del «mundo», esto es, la forma dominante de vivir que ha recibido desde su nacimiento. Por esto rechaza tanto su yo antiguo formado en la cultura dominante, como la identidad colectiva que ofrece el mundo de su sociedad. Para este, no hay salvación en lo dado, debe buscarse otro camino.
De ahí, pues, la idea de «retirarse del mundo». La necesidad de salir del lugar concreto donde se intensifica la forma de vida rechazada. Para Sloterdijk, la ciudad y su cultura poseen normas propias (declaradas o no) que operan como si se tratara de un gran monasterio. En este lugar, los miembros se ejercitarían constantemente para cumplir la normativa imperante (por ejemplo, en una gran ciudad moderna, el ser eficientes y productivos).
Esta secesión topológica —la salida de la ciudad en búsqueda de otro lugar— está ampliamente evidenciada en la historia antigua y reciente. Se trata de los «espacios de retirada» que los mismos secesionistas han llegado a construir: eremitorios, monasterios, academias, templos, refugios en la montaña, en el bosque, en el desierto. Son «biotopos», dice Sloterdijk, o «heterotopias», como las definiera Foucault, es decir, otros lugares cargados de normativas distintas a las que rigen en la sociedad general:
“…en su interior rigen reglas propias, las cuales con frecuencia contradicen a la lógica de la totalidad.” (Sloterdijk, 285)
Un retiro más profundo
Sin embargo, para Sloterdijk existe una forma más esencial del retiro, una que va más allá de alejarse de un espacio físico. En efecto, el retiro puede ser interior. Por medio de una «apropiación de sí» sería posible refugiarse de la norma imperante, creando en uno mismo otra manera de pensar, sentir y vivir.
Marco Aurelio, en la cabeza misma del imperio romano, no necesitaba retirarse de la ciudad. Podía incluso moverse entre el «mundo» y su «refugio interior». Él lo tenía claro y lo dejó de manifiesto con la escritura regular de sus Meditaciones. En estas se expresa el único refugio necesario:
Meditaciones (edición 1811)
“La gente se suele retirar al campo, a la costa o a la montaña. Tú mismo lo deseas a menudo. Pero es un tanto ingenuo, pues en cualquier momento te puedes retirar en ti mismo. En ninguna otra parte se encuentra más sosiego y quietud que en la propia alma.” (Meditaciones)
De este modo, en oposición al gobierno de la sociedad sobre la conducta de los individuos, el sujeto secesionista puede buscar cambiarlo a través de un autogobierno, bajo la guía de una nueva «Constitución» interior. En la «Mikropolis» de su espíritu, menciona Sloterdijk, puede llevar a cabo un «gobierno de transición», uno cargado de «ejercicios espirituales» o «antropotécnicas» que, ejecutadas metódicamente, puedan crear un refugio interior capaz de modificar su ser y su forma de vivir.
Condiciones para un retiro efectivo
A juicio de Sloterdijk, el retiro esencial, ya sea puramente interno, o con apoyo de lugares físicos especiales, siempre requiere de las siguientes condiciones para ser efectivo:
Ejercitación y retirada metódica
San Jerónimo escribiendo (José de Ribera, 1615)
“La ejercitación básica que constituye al sujeto (…) no es, evidentemente, otra cosa que la retirada ejecutada de forma metódica, con respecto al complejo de situaciones comunes a lo que se llama «la vida» o «el mundo».” (289)
Debe existir una ejercitación sistemática y regular, esto es, una insistencia decidida y bien pensada, para que sea factible la eliminación de viejas ideas y costumbres provenientes del «mundo». Se trata de reconfigurar la propia existencia por medio de la ejercitación diaria de antropotécnicas que expulsan la vieja vida y traen la nueva. Esta es la piedra angular del secesionista.
Rechazo y fronteras
Se requiere un rechazo firme y constante a la tentación de escapadas o alivios que ofrece la vida común; se busca evitar la recaída. Cabe considerar que el ejercicio «psicogimnástico» no es tarea fácil, por lo que resultan esperables desvíos y recaídas ante el influjo de la vida anterior. Las «fronteras», por lo tanto, se vuelven importantes:
“Para mantener el enclave es imprescindible una continua vigilancia de las fronteras y el control diario de las infiltraciones que vienen del exterior.” (294)
Unas fronteras que deben centrarse en limitar, por una parte, aquello que ingresa desde los sentidos y, por otra, lo que influye desde el lenguaje y los discursos circulantes. En ambos casos, sea por pasiones gatilladas, sea por el arrastre de significados colectivos, se vuelve probable una pérdida del camino. De ahí que las antropotécnicas deban fortalecer las barreras que frenan la infiltración de lo «impropio».
Soliloquios y autopersuasión
Y buena parte de esta ejercitación se conforma como una «endo-retórica», discursos de autoexhortación que dirigen a la nueva sabiduría o salvación, que expulsan de sí el discurso público y sus normativas. Por esto es que Sloterdijk cree que, en el fondo, “la vida de los ejercitantes constituiría un continuum de actos de autopersuasión” (303).
Ahora bien, Sloterdijk distingue 3 tipos fundamentales de soliloquios del secesionista. Los tres cumplen respectivamente las funciones de limitar lo externo, consolidar lo interno y aclarar el horizonte perseguido en tanto «tensión vertical» que los atrae con fuerza.
«Discursos de separación». Centrados en el retiro mismo, buscan romper o salir de la corriente que arrastra al sujeto dentro de la norma.
«Discursos de entrenamiento». Buscan mejorar «la condición inmunológica espiritual». Fortalecen fronteras frente a la vida impropia a través de discursos intelectuales, moralizantes o capaces de producir respuestas sensoriales ´útiles (p.e. repugnancia a lo impropio).
«Discursos visionarios». Aquellos que ven el todo y el propósito perseguido. Son los que consiguen tensionar verticalmente al individuo para que ascienda bajo la “intuición de una perfección lejana pero vinculante” (276).
El custodio interior
Por último, debe haber un guía interior. Un otro asimétrico —por sobre el yo ejercitante— que surge fruto de un desdoblamiento del sujeto. Este guía —una especie de maestro o «yo ideal» que puede cobrar múltiples formas— es el «partner superior» que indica tanto qué se debe ser como cuál es el progreso alcanzado. Este otro yo que cuida al ejercitante (“custos” en palabras de Séneca) no solo posibilita un intenso diálogo interno, sino que también ofrece una solución a la soledad esperable de quien se separa y retira del mundo:
“Un autodesdoblamiento así suministraría una estratagema imprescindible para todos los ejercitantes que se encuentren a mitad de camino: les revela un método para estar, tras su retirada del mundo, en buena compañía.” (298)
Separarse y ejercitar
Un joven leyendo en la orilla del río (atribuido a Jeffrey Larson)
Para Sloterdijk, la secesión y el retiro son el caso de lo improbable. Son sujetos que acuden a conductas «acrobáticas» para conseguir salir del río de la vida. Solo su excepcionalidad permite que alteren sus vidas a contracorriente del espíritu dominante de su época.
La dureza de los viejos hábitos, las opiniones arraigadas desde la infancia y la soledad típica de quienes se retiran, los fuerza a poseer un método y disciplina contundentes. Solo con el «set de herramientas» antropotécnicas adecuadas, podrán alejarse del fatalismo del determinismo social. Con estas técnicas de sí, podrán llegar a confiar en la viabilidad de modificarse y recorrer otra forma de vida.
Actualmente, la época marcha sobre la producción, el crecimiento, la expansión y el «desarrollo» a toda costa. Las ideas de “felicidad”, “realización personal” o “éxito” están atravesadas por estas fuerzas dominantes. Los individuos, hijos de su tiempo, se ejercitan desde su nacimiento en el gran Monasterio-Ciudad de la modernidad, donde la norma colectiva los provoca a transformarse en excelentes trabajadores y profesionales, virtuosos de la efectividad y el rendimiento. Todo esto, por supuesto, muy lejos de tener por fin central la felicidad o siquiera la mínima salud mental que requieren los seres humanos.
Este contexto es el que aún empuja a algunos hacia el retiro, a separarse de la vida normalizada. Aquellos que, como en el pasado, se atreven a salir de la corriente, dirigiéndose a la orilla del río. Aquellos que no se quedan en la pura crítica cínica o en el anhelo melancólico y paralizante, sino, por el contrario, aquellos que, al fin, se lanzan contracorriente, se separan y ejercitan.
Referencias
Peter Sloterdijk, Has de cambiar tu vida, Editorial Pre-Textos, 2012.
Marco Aurelio, Meditaciones, Alianza Editorial, 2014.