Hannah Arendt: poder y violencia

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Para una parte importante de la tradición del pensamiento político se ha asociado de manera más o menos directa el poder con la violencia. De acuerdo a esta perspectiva, tras el poder se hallaría, en realidad, la capacidad de ejercer violencia para mandar y dominar a otros. “El poder surge del cañón de un fusil”, decía Mao Zedong.

Por el contrario, para Hannah Arendt, la violencia no se identifica nunca con el poder, ni tampoco es capaz de producirlo; más bien, serían fenómenos contrarios:

“El poder y la violencia se oponen el uno a la otra; allá donde uno domina, la otra está ausente. La violencia aparece cuando el poder peligra, pero si se permite que siga su curso, lleva a la desaparición del poder. Lo cual implica que es un error pensar que lo opuesto de la violencia es la no violencia; hablar del poder no violento es una redundancia.” (SV 75)

Lo opuesto a la violencia es el poder. Para comprenderlo de esta manera, Arendt acude a una tradición diferente, en donde el poder no es mero mandato y obediencia, sino cooperación, acuerdo y coordinación entre iguales:

“Cuando la ciudad-estado de Atenas dio a su forma de gobierno el nombre de isonomía, o los romanos llamaron civitas a la suya, pensaban en una concepción del poder y de la ley cuya esencia no se basa en la relación mandato-obediencia ni identificaba el poder con el dominio o la ley con el mandato (…) ” (SV 55)

Como se verá, el auténtico poder radicará en la capacidad de unión para actuar concertadamente.

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J. P. Sartre: existencialismo y libertad total

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La existencia precede a la esencia

“el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y hacer recaer sobre él la responsabilidad total de su existencia.” (EH 33)

Pero, ¿qué es el ser humano?, ¿de qué trata su “existencia”? Para Sartre el ser humano no tiene un ser o esencia previa. Por el contrario, el ser humano “no es otra cosa que lo que él se hace” (EH 31). Se trata de la inevitable y fundamental libertad para hacerse a sí mismo en contraposición a toda tesis que mire al hombre como una naturaleza ya hecha o determinada de antemano. Ahora bien, sin negar la “condición humana” en la cual siempre es arrojada cada existencia, la libertad sería siempre total en la medida que nunca se deja de elegir qué hacer en cada situación en la cual uno se pueda encontrar. 

Es por lo anterior que Sartre afirma que “la existencia precede a la esencia”, pues antes de cualquier esencia (naturaleza, concepto o definición previa que le determine), el hombre existe eligiendo y haciendo su ser:

“¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después. Y será tal como se haya hecho.” (EH 31)

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