J. P. Sartre: existencialismo y libertad total

Print Friendly, PDF & Email

INICIO

La existencia precede a la esencia

“el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y hacer recaer sobre él la responsabilidad total de su existencia.” (EH 33)

Pero, ¿qué es el ser humano?, ¿de qué trata su “existencia”? Para Sartre  el ser humano no tiene un ser o esencia previamente. Por el contrario, el ser humano “no es otra cosa que lo que él se hace” (EH 31). Se trata de la inevitable y fundamental libertad para hacerse a sí mismo en contraposición a toda tesis que mire al hombre como una naturaleza ya hecha o determinada de antemano. Ahora bien, sin negar la “condición humana” en la cual siempre es arrojada cada existencia, la libertad sería siempre total en la medida que nunca se deja de elegir qué hacer en cada situación en la cual uno se pueda encontrar. 

Es por lo anterior que Sartre afirma que “la existencia precede a la esencia”, pues antes de cualquier esencia (naturaleza, concepto o definición previa que le determine), el hombre existe eligiendo y haciendo su ser:

“¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después. Y será tal como se haya hecho.” (EH 31)

Condenado a ser libre: responsabilidad, compromiso y mala fe

“(…) el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.” (EH 43)

Ahora bien, el ser humano puede reconocer y hacerse responsable de esta condición fundamental de libertad, o bien puede encubrirla y huir de ella, a pesar de que nunca podrá esquivarla. Y es que la libertad no es en sí misma una opción, sino una condición forzosa (“somos una libertad que elige pero no elegimos ser libres (SN 510)”), es decir, no es posible no elegir, pues si no elegimos, ya estamos siempre escogiendo algo de una u otra manera:

“La elección es posible en un sentido, pero lo que no es posible es no elegir. Siempre puedo elegir, pero tengo que saber que, si no elijo, también elijo.” (EH 70)

El no aceptar este aspecto fundamental de la existencia es lo que Sartre llama “mala fe”. En este caso el individuo pone el origen de sus acciones en una causa fuera de su control,  atribuye a sus actos algún tipo de determinismo que lo eximiría de responsabilidad (puesto que no sería supuestamente libre):

“Si hemos definido la situación del hombre como una elección libre, sin excusas y sin ayuda, todo hombre que se refugia detrás de la excusa de sus pasiones, todo hombre que inventa un determinismo, es un hombre de mala fe.” (EH 75)

La mala fe se comprende ante el evidente peso y angustia que provoca la toma de conciencia de nuestra total libertad. En esta total libertad todo acto pasado, presente y futuro, son de nuestra responsabilidad. De ese modo, no solo sentimos la gravedad de lo que ya hemos hecho, sino también de lo que seguimos haciendo, momento a momento, ante un ámbito de posibilidades siempre abiertas en las cuales nos vemos forzados a escoger solo una entre muchas:

“Toda elección, como veremos, supone eliminación y selección; toda elección es elección de la finitud.” (SN 520)

La finitud de la existencia remite a esta condición angustiosa en la cual toda elección en la vida implica por sí misma la negación de todas las demás posibilidades descartadas; al escoger me hago responsable de mi propio ser, en cada acto defino lo que voy siendo y niego algo distinto que podría haber sido:

“(…) el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre.” (EH 43)

Sin embargo, frente a este peso de la libertad no es necesario caer en una angustia tal que obligue a la mala fe, a la evasión de dicha condición. El ser humano, en efecto, puede reconocer, aceptar y comprometerse con su proyecto de vida, puede actuar para hacer su propio ser, otorgándole sentido y definiendo su destino.

Libertad y condición histórica del ser humano

Ahora bien, tampoco se trata de que esta libertad total permita hacer absolutamente cualquier cosa. Como se señaló al comienzo, siempre somos libres, pero lo somos en medio de una condición humana, un contexto histórico, en el cual nacemos y existimos. Si bien no hay un límite y un camino predeterminado dado por una naturaleza o esencia preestablecida, sí hay condiciones dadas en las cuales el ser humano se encuentra, pero es justamente ahí donde la libertad debe obrar:

“Pues ser libre no es elegir el mundo histórico en que se surge –lo cual no tendría sentido-, sino elegirse en el mundo, cualquiera que éste sea.” (SN 545)

Lo dado en estas condiciones no son meramente las cosas que hay en el mundo. La condición humana es fundamentalmente condición histórica y en ella lo que hay está siempre remitido al sentido o significación que le han otorgado de antemano los otros hombres:

“Yo, por quien las significaciones vienen a las cosas, me encuentro comprometido en un mundo ya significante, que me refleja significaciones no puestas por mí. (…) el para-sí [yo] surge en un mundo que es mundo para otros para-síes. Eso es algo dado. (…) Esto significa, justamente, que el para-sí [yo] se encuentra en presencia de sentidos que no vienen al mundo por él” (SN 535, 544)

Sin embargo, la libertad del ser humano le permite participar de esa condición humana y su historia, en efecto, ésta “es construida perpetuamente”, solo que el ser humano debe habérselas con la que ya está dada y sobre ésta debe actuar:

“No se trata de un límite de la libertad, sino, más bien, de que el para-sí [yo] debe ser libre en ese mundo mismo; debe elegirse (…) teniendo en cuenta esas circunstancias” (SN 544)

En suma, “estamos condenados a la libertad”, no podemos escapar de esta condición, así como tampoco podemos optar por el mundo histórico en el cual debemos obrar libremente. Sin embargo -y tal como se defendía Sartre- su filosofía está lejos de ser una mera filosofía existencialista  “pesimista”, “negativa”, “paralizante” o “oscura”. Su pensamiento –y su propia vida- no es sino un llamado a tomar plena conciencia y a hacerse responsables de la total libertad que poseemos, a alejarse de la “mala fe” y a comprometerse en acto sobre el destino de nuestro propio ser en medio de la situación histórica que nos ha tocado vivir: “el destino del hombre está en él mismo” (EH 61). Su filosofía es, pues, eminentemente humanista, pero no porque rinda culto al ser humano -cosa que rechaza tajantemente-, sino justamente porque reconoce en su libertad y capacidad de legislar sobre su propio ser su más alta dignidad, esto es, aquello que lo diferencia de las meras cosas:

“Pero ¿Qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Porque queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectar-se hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que haya proyectado ser.” (EH 32)

Referencias

 – [EH] El existencialismo es un humanismo, Sartre. Edhasa (trad. Victoria Praci de F.)

– [SN] El ser y la nada, Sartre. Editorial Altaya (trad. Juan Valmar)

 Descarga

– Descarga conferencia El existencialismo es un humanismo ver aquí

INICIO

Publicado por

L.M.R.

contribucionesfilosoficas@gmail.com

2 pensamientos en “J. P. Sartre: existencialismo y libertad total”

  1. Gracias por el texto, abre una reflexión que está muy olvidada en nuestros tiempos. Pienso que en una sociedad en que el sistema neoliberal ha arrebatado la libertad y la ha vapuleado transformándola en mera libertad de consumo, haciendo sentir al individuo que es libre en circunstancias que no practica una libertad real pues su subjetividad ya ha sido configurada, hace falta una toma de conciencia importante.
    Esto es muy relevante a la hora de pensar la conciencia cínica contemporánea, ahí efectivamente hay una puerta de entrada a un despertar para abrir una real libertad, pero ésta queda negada pues este tipo de conciencia se entrega a un destino fatal y a una suerte de determinismo, justamente a lo que Sartre llamaría (si entendí bien) “mala fe”. Por eso creo que abrir este tipo de reflexiones hoy es fundamental, para que ese despertar de la conciencia no quede arrojado a un cinismo contemporáneo que se da cuenta de lo que ocurre pero que asume que no se puede hacer nada y más bien se abra a una conciencia que se vuelve partícipe de la libertad y por tanto la practica día a día. Si bien efectivamente estamos condenados a la libertad, como menciona Sartre, es importante el ser conscientes de estos para no quedar entregados a un destino que se cree ya determinado. Como menciona Hannah Arendt en su texto “¿Que es la política?” la libertad no es algo dado “naturalmente”, sino que es algo que debe practicarse para que ocurra.
    En fin, da para harto el tema, gracias por compartir estos textos.
    Saludos

    1. Sobre lo que señalas de Hannah Arendt un comentario.
      En términos existenciales la libertad es inevitable, en toda situación tenemos la posibilidad de elegir una u otra posibilidad. Ahora bien, justamente nuestro contexto histórico, nuestra “condición humana” actual (tal como también la llama Arendt) menoscaba o empobrece esa libertad a un ámbito restringido. Sin embargo… justamente el reconocimiento de ese marco de restricción de elección (“la libertad se ha vuelto libertade de consumo”) abre la posibilidad de negarla como principio rector de elección y posibilita pensar y abrir otro ámbito de posibilidades (por ej: una vida volcada a la creación y al consumo básico, como un Thoreau). El cinismo que señalas sería efectivamente un caso de “mala fe”, porque constatando lo que va mal en el mundo, opta por no hacer nada, solo lo mira, lo explica, incluso critica…pero no se compromete en acto para hacer algo respecto a eso (para Sartre el acto es esencial a la elección, inseperable).
      Gracias por comentar =)

Los comentarios están cerrados.