Jean-Marie Domenach: el poder de la propaganda moderna

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“Las posibilidades inauditas de la propaganda política hicieron, y continúan haciendo pesar sobre el mundo, una espantosa amenaza. Ya aparecieron verdaderas ‘epidemias psicológicas’ deliberadamente provocadas, y ya hay ‘ingenieros de almas’ que fabricaron en serie individuos de mentalidad teleguiada.” (Pr 126)

Para Jean-Marie Domenach la propaganda es la tentativa organizada que busca influir y dirigir la opinión, los comportamientos y las actitudes fundamentales de los individuos en una sociedad. Para esto no se orienta ni a la razón ni a la verdad informativa, sino que, haciendo uso de diversos medios dirigidos al ámbito irracional y a la tergiversación de la realidad, se concentra y orquesta para movilizar a las grandes masas de la población. La propaganda política, en este sentido, es una verdadera “arma” de control y subyugación, la antítesis misma de la educación, una verdadera “voluntad de conversión, de conquista y de explotación” (Pr 18) al servicio de doctrinas e ideologías que buscan imponerse en la sociedad.

El nuevo poder de la propaganda

Si bien la propaganda política existe desde el origen de las sociedades políticas, ha llegado a un punto en su evolución en el cual ha alcanzado un poder inmenso y completamente nuevo. Para Domenach, lo que ha permitido el “salto cualitativo” de sus fuerzas ha sido la convergencia de dos factores centrales: la aparición de su campo propio, “la masa moderna”, y el perfeccionamiento de sus medios de acción, las “nuevas técnicas de información, y comunicación”.

i) La “masa moderna” o las grandes conglomeraciones urbanas

Así, en primer lugar, la propaganda se potencia en la medida en que el “objeto” sobre el cual opera –la población- aumenta y se concentra como nunca antes. La “masa moderna” surge por el explosivo crecimiento demográfico de los últimos siglos de industrialización y por la aglomeración cada vez mayor en las grandes ciudades producto de las emigraciones del campo.

Junto a este ámbito cuantitativo y distributivo Domenach señala también el cambio en los individuos mismos en este nuevo “hábitat”. Aquí “el sujeto se convierte en ciudadano”, aumenta considerablemente sus responsabilidades y participación en la vida de la nación, opinando, actuando y viéndose afectado constantemente por las políticas internas y externas de las naciones, quedando atrapado en los grandes ajetreos del acontecer nacional y mundial. El individuo sin la protección de su antigua forma de vida (“comunidades intermedias”, como la “morada” de su familia y su aldea) queda arrojado y expuesto directamente a la “sociedad nacional” en donde se ve empujado a una avidez de noticias e informaciones en un intento por comprender y defenderse de los posibles impactos provenientes del mundo. Es justamente en esa necesidad informativa en donde operará eficazmente la propaganda política:

“De esta manera, la dislocación de los antiguos cuadros, el progreso de los medios de comunicación, la constitución de aglomeraciones urbanas, la inseguridad de la condición industrial, las amenazas de crisis y de guerra, a las que se agregan los múltiples factores de uniformación progresiva de la vida moderna (lenguaje, vestimenta, etc.), todo contribuye a crear masas ávidas de información, influenciables y susceptibles de reacciones colectivas y brutales…” (Pr 12)

ii) El nuevo soporte tecnológico de la propaganda

En medio de este panorama es donde “las invenciones técnicas suministran los medios de actuar inmediata y simultáneamente en las masas nuevas” (Pr 13). Los nuevos desarrollos tecnológicos permiten propagar cada vez con mayor eficiencia las múltiples informaciones utilizadas para influir en la opinión pública. Estas nuevas tecnologías operan veloz y masivamente sobre grandes porciones de la población con costos cada vez más reducidos.

Si bien es cierto que Domenach describe tecnologías propias de la primera mitad del siglo XX, su desarrollo posterior no quita sino que agrava aún más el poder que alcanza la propaganda con los nuevos soportes tecnológicos (piénsese hoy sobre todo en el efecto de internet).

i) Tecnología en el campo escrito. Mientras en el pasado el libro y el periódico eran un lujo para unos pocos, con los nuevos avances tecnológicos se posibilitó aumentar su tiraje (invención de la rotativa), reducir sus costos (financiamiento publicitario), distribuirlos masiva y rápidamente (uso del ferrocarril, automóvil, avión) y acelerar las fuentes de la información (desde la invención del telégrafo). La propaganda, de este modo, comenzó a desplegarse de forma masiva a través de libros, panfletos, periódicos, afiches, volantes y otros similares.

ii) Tecnología en el campo de la palabra. Superando la voz alzada y natural, la amplificación que consigue el micrófono posibilita el establecimiento de grandes auditorios. Sin embargo, el nivel máximo se alcanza con uno de los inventos más importantes de comienzos del siglo XX: la radiofonía. Con ésta se llega a cualquier lugar del mundo rápidamente en un modo vívido y persuasivo. “La voz humana confiere a la argumentación vida y presencia, de las que carece un texto impreso…”, dice Domenach (Pr 49).

iii) Tecnología en el campo de la imagen. Comienza con el desarrollo de la fotografía y culmina con el cine. Aquí la propaganda puede hacer uso de fotos, caricaturas, emblemas, símbolos o retratos. Ya prontamente Domenach comprendió que, en comparación a todos los otros medios, la imagen es definitivamente el medio más poderoso de todos:

 “La imagen es, sin duda, el instrumento de más efecto y el más eficaz. Si se la acompaña con una breve leyenda, remplaza ventajosamente a cualquier texto o discurso. En ella se resume perfectamente la propaganda…” (Pr 50)

iii) Desarrollo técnico o reglas de la propaganda

Pero no basta con la “masa” reunida y los nuevos soportes de la comunicación. De hecho, esto podría contribuir a una información útil para el ciudadano: verídica, relevante e imparcial. Sin embargo, la propaganda busca establecer una opinión dominante, dirigir el alma colectiva (“psicagogía”) haciendo uso de todos los medios y técnicas a su alcance sin importar la verdad o las formas de llevarlo a cabo. Domenach formula y describe alguna de las reglas principales de estas técnicas que, a su juicio, fueron inauguradas por la propaganda leninista pero luego desarrolladas y potenciadas por la propaganda de Goebbels y Hitler:

“¡Un pueblo, un reino, un líder!”

i) Regla de simplificación. La propaganda se formula de manera simple y breve, “se trata de dividir su doctrina y sus argumentos en algunos puntos que serán definidos tan claramente como sea posible” (Pr 52). Esos puntos condensados, dirigidos al ámbito afectivo de los individuos, nunca al racional y deliberativo, pretenden volverse verdaderos slogans, mensajes fácilmente recordables y reproducibles en medio de la sociedad.

ii) Regla del enemigo único. La propaganda se concentra en tener un objetivo principal y atacar siempre al mismo enemigo: “se trata de concentrar el tiro en un solo blanco durante un período dado” (Pr 54). Al enemigo se lo responsabiliza totalmente, tanto de los males sufridos como de los males realizados por los propios partidarios. Domenach señala que ésta fue la táctica predilecta de Hitler.

iii) Regla de la exageración y desfiguración. La propaganda exagera y desfigura toda información de manera tal que pueda perjudicar a su opositor. Las informaciones no son nunca entregadas en bruto, sino que se las trabaja para que adquieran potencial propagandístico: se exageran o añaden defectos al opositor, se tergiversan sus opiniones o se lo saca de contexto.

iv) Regla de la orquestación. La propaganda se organiza y actúa resonando desde todos los puntos de emisión que tiene bajo control, coordinando así su mensaje central, pero siempre presentándolo de manera variada para llegar a diferentes tipos de público y para no caer en una redundancia demasiado evidente: “la persistencia del tema, junto con la variedad de su presentación, es la cualidad rectora de toda campaña de propaganda” (Pr 60).

v) Regla de la transfusión. La propaganda, sin embargo, es incapaz de crear e imponer una opinión a partir de la nada. Opera siempre sobre substratos más o menos conscientes que ya preexisten en la población (mitos, miedos, odios y prejuicios) para realizar una “transfusión” de su fuerza potencial hacia las ordenanzas propias de la propaganda. “Existen en la psiquis de los pueblos sentimientos conscientes o inconscientes que la propaganda capta y explota”, recalca Domenach (Pr 68).

vi) Regla de la unanimidad y el contagio.

“Uno de los fines esenciales de la propaganda es manifestar la omnipresencia de los adeptos y su superioridad frente al adversario. Los símbolos, las insignias, las banderas, los uniformes, los cantos, forman un clima de fuerza indispensable para la propaganda”. (Pr 80)

La propaganda siempre hace una “demostración de fuerza” para hacer parecer –sea cierto o no- que la opinión que comparten sus partidarios es la más fuerte y dominante. Esto, por un lado, otorga confianza y seguridad al propio sector y, por otro, intimida a sus opositores (y convierte a los inseguros). Para este fin se recurre a múltiples técnicas de “contagio”, como la utilización de un sinfín de símbolos persuasivos o el uso de la imagen de personajes admirados por las masas (aunque sean famosos por razones ajenas al contenido del mensaje, tal como ocurre con la publicidad).

Educación y propaganda en las democracias

Si bien Domenach fue partidario –en medio de la Resistencia Francesa- de la “contrapropaganda”, esto es, de utilizar medios propagandísticos para defenderse de la “propaganda total” impuesta por los regímenes totalitarios, considera fundamental la educación ciudadana como medio de inmunización contra el poder de la propaganda. “La libertad no se enseña, pero la educación nos prepara para ella”, nos dice y, siguiendo las reflexiones de A. Huxley, considera que el fin principal es lograr “la formación de espíritus dotados del poder de elección, de hombres conscientes y responsables” (Pr 127). En este sentido, y tal como lo señala Huxley, resulta de suma utilidad el que esos hombres sean capaces de detectar aquello que intenta –sin que lo sepan- arrebatar su libertad:

“Los efectos de la propaganda falsa y perniciosa no pueden ser neutralizados sin un adiestramiento a fondo en el arte de analizar sus técnicas y ver a través de sus sofismas”. (Nv 154)

Sin embargo, esto último no debe considerarse solo en el caso de la defensa de la democracia contra la “propaganda total” de los regímenes totalitarios. El reconocimiento de las técnicas propagandísticas debe observarse también en medio de las mismas sociedades democráticas. De hecho, Domenach en su propio tiempo denunciaba este uso, como en el caso de las “noticias falsas” (hoy en día tristemente de moda en Internet como “fake news”), en las cuales las informaciones, los hechos e incluso las estadísticas, se tergiversaban, manipulaban o inclusive se inventaban del todo:

“En cuanto a la noticia falsa, ha sido utilizada con descaro por los hitlerianos como medio de persuasión o de provocación. Pero también hace estragos con bastante regularidad en la prensa de los países democráticos…” (Pr 96)

Como conclusión, es posible reconocer que si bien es difícil hablar hoy en día de una “propaganda total” -tal como la vivió Domenach- sí es posible observar y constatar cómo se siguen utilizando técnicas propagandísticas a través de los nuevos medios de comunicación con el fin de establecer una opinión dominante o ganarse el favor de la opinión pública. Lamentablemente no se acude ni a la transparencia informativa, ni se apela en ningún caso la capacidad crítica de los individuos, sino más bien se tergiversan las informaciones y se provoca el ámbito irracional de las masas, contraviniendo de esta forma por completo los fundamentos que hacen posible una auténtica sociedad racional y democrática. 

Referencias

 – [Pr] La propaganda política, Jean-Marie Domenach. Ed. Universitaria de Buenos Aires

– [Nv] Nueva visita a un mundo feliz, Aldous Huxley. Ed. Seix Barral

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– Descarga la obra completa aquí: La propaganda política, Jean Marie Domenach (la paginación de esta edición digital no coincide con la edición impresa)

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Publicado por

L.M.R.

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