Karl Jaspers: Tiempo eje y Edad técnica

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El sentido de la historia

Para nosotros historia es el recuerdo, no solo para conocerlo, sino para vivir de él. La historia es el fundamento ya asentado al cual quedamos vinculados cuando no queremos disolvernos en nada, sino que aspiramos a participar en el ser del hombre. (Jaspers, OM 297)

Para Karl Jaspers, sin una profunda mirada sobre la historia, la pregunta por el sentido de nuestra época se oscurece. Por el contrario, al atenderla, nuestra comprensión sobre las cosas y nuestro propio ser se esclarece y nos permite ver cuán hondamente requerimos preguntar por ella y su sentido para poder mirar también hacia el futuro. 

Para éste la historia

nos abre el vastísimo horizonte de la humanidad, nos aporta el contenido de la tradición en el que se funda nuestra vida, nos suministra los patrones para medir lo presente, nos libera de la vinculación inconsciente a la propia época, nos enseña a ver el hombre en sus más altas posibilidades y en sus creaciones imperecederas. (HH 80)

La historia humana vuelve comprensible el sentido de nuestro presente y porvenir: sus fundamentos, sus límites, sus posibilidades. La historia aclara y orienta al ser humano.

Historia de la Humanidad

Pero para abordar esta historia, Jaspers señala que requerimos una mirada lo más amplia posible, una que permita integrar su sentido plenamente: “sólo la totalidad de la historia humana puede suministrar los módulos para entender el sentido del acontecer actual” (OM 15).

De aquí que elabore un esquema general de la historia universal dividida en cuatro partes fundamentales, de las cuales, las dos últimas, tienen una especial importancia para comprender el presente y sus futuras posibilidades.

En primer lugar, retrocediendo hasta muy lejos en el tiempo, la “Edad prometeica”, en la cual el ser humano, a lo largo de un gran trayecto, desarrolló su lenguaje y creó sus primeros instrumentos (como el fuego) para así dar el primer gran paso en su emancipación de la Naturaleza y de su propia condición estrictamente biológica.

Posteriormente, entre el 5000 y el 3000 a.c., el ser humano habría comenzado a reunirse y organizarse de manera cada vez más amplia para llegar a formar las primeras grandes civilizaciones (Egipto, Mesopotamia, Indo, China) sin alcanzar aún, sin embargo, un conocimiento pleno de sí mismo.

Tercero, y de la mayor importancia: el “Tiempo-eje” o axial. En éste, como se verá, se habría originado la gran fuente de fuerzas creadoras para toda la humanidad, “la cimentación espiritual de la humanidad, de la cual se nutre hasta hoy” (HH 82).

Por último, y tratándose de nuestro propio tiempo, la “Edad técnica” que, después del tiempo axial, habría sido “el único proceso enteramente nuevo, espiritual y materialmente decisivo” (HH 82).

Tiempo axial: la fuente creadora

Hacia él van y de él parten todos los movimientos. (OM 103)

Aquí se articula en un eje todo lo que ha sido y puede llegar a ser la humanidad. Para Jaspers se trata concretamente de un periodo en torno al 500 a.c. (800 al 200a.c.) en el cual surgirían en distintas partes del mundo eventos clave que permitirían hablar de un salto en el nivel de consciencia de la humanidad y su autocomprensión. Con notable evidencia Jaspers lo describe así:

En aquel tiempo se aglomeran las cosas extraordinarias. En China vivieron Confucio y Laotsé, surgieron todas las direcciones de la filosofía china, pensaron Mo-ti Chuang-tsé, Liedsi y otros innumerables; en la India surgieron los Upanichadas, vivió Buda, se desarrollaron todas las posibilidades filosóficas hasta el escepticismo y el materialismo, hasta la sofística y el nihilismo, como en China; en Irán enseñó Zaratustra la exigente imagen del mundo de la lucha entre el Bien y el Mal; en Palestina aparecieron los profetas, desde Elías, pasando por Isaías y Jeremías, hasta el segundo Isaías; Grecia vio a Homero, a los filósofos Parménides, Heráclito, Platón, a los trágicos, a Tucídides y Arquímedes. Todo lo simplemente indicado con tales nombres se desarrolló en aquellos pocos siglos, con aproximada simultaneidad, en China, India y Occidente, sin que estos pueblos supieran unos de otros. (HH 83)

Aunque puedan reconocerse diferencias en el contenido de las creencias de estas distintas creaciones espirituales y filosóficas, lo notable es que irrumpió una actitud completamente nueva en la que

los hombres osaron pisar como individuos sobre sus propios pies. (HH 84)

En este tiempo clave, el ser humano -volviéndose consciente del ser en su totalidad, de sí mismo y de sus límites- se lanzó a la lucha por su propia salvación, enfrentando el abismo y fijándose desde su libertad grandes metas e ideales. Esta actitud es la que permitió ese carácter enormemente creativo que permitió el salto crucial de la humanidad en su propia autocomprensión para generar la fuente creativa histórica más grande de todas:

Al tiempo axial se remonta la vida espiritual de la humanidad hasta hoy. (HH 85)

La Edad Técnica: mecanización y libertad

Ahora bien, la pregunta por el tiempo-axial no pretende constatar meramente un hecho pretérito, sino que apunta a preguntar por el sentido de ese periodo. La pregunta por el sentido, señala Jaspers, es siempre una pregunta por aquello que realmente nos importa, que nos concierne hoy en vistas del porvenir. El tiempo axial, por su capacidad creadora y por la altura a la que lleva al ser humano, se vuelve sumamente relevante cuando la oponemos a las características que se despliegan a lo que corresponde a nuestra propia y presente Edad Técnica:

La técnica ha modificado radicalmente la existencia cotidiana del hombre en su contorno, ha obligado al trabajo y la sociedad a seguir nuevos caminos: la producción en masa, la transformación de toda la existencia en una maquinaria realizada técnicamente, la transformación de todo el planeta en una fábrica única. Con ello se produjo y produce el desgajamiento del hombre de todo suelo firme. Se convierte en habitante sin patria de la Tierra. Pierde la continuidad de la tradición. El espíritu se reduce a fáciles elementalidades y adiestramiento para funciones utilitarias. (OM 134)

De este modo se crea un mundo técnico que adquiere un automatismo tal que llega a independizarse y absolutizarse respecto del ser del hombre. La técnica y sus instrumentos ya no son un simple medio para lograr la emancipación frente a las fuerzas de la Naturaleza, sino que ahora este nuevo mundo reobra sobre él arrebatándole su libertad y sus fuerzas creadoras:

Si las fuerzas de la Naturaleza le amenazaban con destruirle físicamente en el principio de su ruta histórica, ahora amenaza con destruir su esencia su propio mundo, por él mismo creado. (AE 176)

A pesar de lo anterior, al igual que Heidegger y Ortega, Jaspers no cree que haya que arremeter contra la técnica moderna. No se trata de destruirla, sino de superarla restaurando su sentido propio y frenando su desviación: “el sentido de la técnica es la libertad frente a la Naturaleza”, esto es, el poder crear los medios para que el ser humano pueda desplegar sus fuerzas creadoras estableciendo fines y las metas más altas. El problema surgiría precisamente cuando esto no se cumple y la técnica termina desviándose en una automatización que llega a tal nivel que arrastra al ser humano a volver todo–incluido él mismo- a meros medios o instrumentos:

Si el sentido de la técnica estriba en la unidad de la configuración del mundo para los fines de la existencia humana, se produce una desviación allí donde el carácter de medios de las herramientas y de la acción se hace independiente y, olvidando la última finalidad, los medios se convierten por su parte en fines y se absolutizan. (OM 138)

¿Cómo recobrar “el sentido de la técnica” en medio de una época que parece perderse por esa desviación que transforma todo en mero instrumento sin fin? La pregunta por el sentido de la historia y del tiempo axial es una primera aproximación que permite recordar que el hombre ya ha sido capaz de caminar “sobre sus propios pies”, esto es, que puede confrontar auténticamente su relación con el mundo para desde ahí crear formas de vida capaces de poner altos fines para sí mismo. Es por esto que quizás Jaspers considera como misión hacer que  “el hombre se acuerde de sí mismo” (AE 207), del alto nivel de consciencia que en algún momento ya había conquistado, para no retroceder sino continuar en el desarrollo de esta autocomprensión que le permite, en última instancia, ejercer su voluntad cada vez con mayor libertad, gracias a una plena consciencia de su situación histórica:

Las situaciones son: o no sabidas y alcanzan efectividad sin que el individuo de que se trate lo sepa, o son vistas como presentes por una voluntad consciente de sí misma que puede aceptarlas, utilizarlas y cambiarlas (…) Reconocer una situación es tanto como empezar a adueñarse de ella; enfrentársele es ya la voluntad que lucha por un ser. (24 AE)

Referencia 

[HH] La historia de la humanidad, Karl Jaspers. Conferencia reunida en La filosofía, Fondo de cultura económica (1993)

[OM] Origen y meta de la historia, Karl Jaspers. Alianza (1980)

[AE] El ambiente espiritual de nuestro tiempo. Karl Jaspers, Labor (1955)

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Conferencia de Jaspers La historia de la humanidad: ver aquí

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Publicado por

L.M.R.

contribucionesfilosoficas@gmail.com