Reconocer y corregir (Popper)

[Lectura: 2 min.]

“No nos apresuremos en las conjeturas de las cosas más importantes” (Heráclito)

Ninguna pretensión por saber —en las ciencias o en la búsqueda de sabiduría— consigue avanzar si no posee la capacidad de corregir sus errores. Y ninguna corrección es posible, si no se parte de algo tan básico como la disposición a reconocerlos.

Lector con lupa (1895), Lesser Ury

A menos que creamos que estamos en posesión de una verdad revelada, una completa y absoluta, estas dos ideas básicas —reconocer y corregir— nos alientan a poner a prueba lo que creemos saber. En un afán no disolutivo sobre lo que pensamos, sino constructivo en nuestra búsqueda de conocimientos, se trata de transparentar lo que pueda estar fallando.

Porque, en general, tendemos a buscar lo que comprueba nuestras ideas. De modo poco consciente, atendemos solo lo que verifica nuestras posturas, acumulando evidencia a favor, pero desatendiendo o deformando lo que podría cuestionar lo que sostenemos. De ahí que resulte esencial el activo ejercicio inverso, la decidida búsqueda de contrapruebas de lo que creemos para que, reconociendo que nadie está exento de errores, podamos al menos evitar su perpetuación.

Lo anterior surge de la reflexión de un tecnicismo metodológico del filósofo de las ciencias Karl Popper. En su filosofía crítica propone lo ya expuesto: la necesidad de poner a prueba las teorías no a través de la verificación, sino buscando su “falsación” por medio de hechos refutatorios. De ese modo, solo aquellas teorías capaces de ser falsadas resultan deseables, pues solo son estas las que podremos corregir y mejorar.

Si bien en Popper se puede debatir el significado exacto de dichos “hechos” refutatorios, lo que importa es la intención de fondo. Frente a nuestros intentos por responder las grandes preguntas, vale siempre la pena que nos abramos a la posibilidad de estar equivocados. Ya sea por una buena recepción a contrapruebas puestas por otros, o por una sincera autocrítica interna, solo así tendremos oportunidad de corregir el curso en nuestras búsquedas de saber.

“El punto es que, siempre que proponemos una solución a un problema, debemos intentar con todas nuestras fuerzas derrocar nuestra solución, en lugar de defenderla.” (Prefacio xix, La lógica de la investigación científica, Popper)


Referencias

– La lógica de la investigación científica, Karl Popper (e-book)

– Fragmentos, Heráclito, Ed. Orbis

Collingwood: tres ideas de la naturaleza

[Lectura: 13 min.]

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El origen de las grandes ideas de la naturaleza

 “… ha habido tres épocas de pensamiento cosmológico positivo; tres épocas, queremos decir, en las que la idea de la naturaleza se ha colocado en el centro del pensamiento, se ha convertido en tema de intensa y prolongada reflexión” (IN 15).

Naturaleza como organismo, naturaleza como máquina, naturaleza como proceso. Para Collingwood, cada una de estas ideas habría logrado desarrollar cosmovisiones predominantes dentro de la historia de Occidente, con largas implicaciones en la autocomprensión del ser humano y el mundo en el que existe.

Ahora bien, la “intensa y prolongada reflexión” que señala, no tendría que ver solamente con un teorizar y pensar puro de la totalidad del cosmos (“filosofía”). Para Collingwood, el surgimiento de las grandes ideas del mundo natural serían siempre resultado de una dinámica entre la reflexión del todo y la investigación empírica y “en detalle” de la naturaleza (“ciencia”):

“…ambas cosas se hallan tan íntimamente trabadas que la ciencia de la naturaleza no puede marchar largo tiempo sin que comience ya la filosofía y que ésta repercuta sobre la ciencia, de la que ha surgido, proporcionándole luego una firmeza y consistencias nuevas…” (IN 17).

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