Norberto Bobbio: promesas y paradojas de la democracia

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Una definición mínima de democracia

“Existen democracias más sólidas o menos sólidas, más vulnerables o menos vulnerables; hay diversos grados de aproximación al modelo ideal, pero aun la más alejada del modelo no puede ser de ninguna manera confundida con un Estado autocrático y mucho menos con uno totalitario.” (FD 46)

Para Bobbio, a pesar de todo, las democracias han logrado resistir e incluso aumentar en el mundo desde la segunda guerra mundial. Por lo mismo -y antes de abordar sus promesas incumplidas y paradojas imprevistas- considera fundamental dejar claro el suelo mínimo que ha persistido a lo largo del último tiempo y que ha significado su oposición definitiva frente a dictaduras y sistemas totalitarios.

“Si se me pide que dé una definición de democracia, yo les respondo así: la democracia es un conjunto de reglas que permiten tomar decisiones colectivas, vale decir, decisiones que se refieren a toda una colectividad, con el mayor consenso posible de las personas a las que estas decisiones se aplicarán.” (DP 127)

Este es el punto de partida para su definición mínima de democracia. Ésta tiene su propio modo de responder a las preguntas comunes a toda forma de gobierno, a saber: quiénes toman las decisiones, cómo lo hacen y bajo qué condiciones lo hacen. La democracia contestaría del siguiente modo:

1) En las democracias las decisiones colectivas son tomadas por un número muy elevado de miembros. Esta es la respuesta del quién toma de decisiones. Si bien no son todos en sentido estricto (los niños no votan), sí abarca a todo ser humano en la madurez de su autonomía racional.

2) El procedimiento concreto de decisión colectiva se lleva a cabo bajo la regla fundamental de la mayoría. El cómo de la toma de decisiones se materializa por el voto mayoritario. Los resultados obtenidos “se consideran decisiones colectivas y por tanto obligatorias para todo el grupo” (FD 25).

3) Deben darse condiciones mínimas para el surgimiento de auténticas alternativas de elección. Esto es, debe existir libertad para pensar y proponer ideas en relación a lo que deba decidirse colectivamente. Por lo mismo, resulta necesario proteger derechos civiles básicos tales como la libertad de expresión, de asociación y reunión.

Más allá del mínimo: promesas fallidas

Pero el proyecto democrático, tal como se forjó históricamente, apuntaba mucho más lejos que este suelo mínimo. En su seno yacía un ideal democrático que suponía una serie de promesas que resultaron fallidas. Esta es la “cruda realidad” de la “democracia real” en la que vivimos y frente a la cual Bobbio considera debemos hacernos cargo (sin caer, por otra parte, en vaticinios históricos pesimistas que solo ven el colapso de la democracia).

6 Promesas rotas

1) El poder será distribuido entre todos y cada uno de los individuos

La democracia, a diferencia de las miradas orgánicas dominantes de la antigüedad y la edad media, surge con la idea de que la sociedad política será producto del acuerdo y voluntad de los individuos que buscan garantizar sus vidas y libertades. Este poder emanaría de cada individuo directamente hasta sus representantes (“un voto por cabeza”), sin sociedades o cuerpos intermedios entre ellos. Sin embargo, dice Bobbio, ha ocurrido justamente lo opuesto:

“los grupos se han vuelto cada vez más los sujetos políticamente relevantes (…) y, cada vez menos, los individuos. No son los individuos sino los grupos los protagonistas de la vida política.” (FD 29)

El modelo ideal de la sociedad democrática era el de una sociedad “centrípeta”, donde el poder de cada individuo confluiría en una voluntad general (Rousseau). La realidad hasta hoy es otra, estaríamos en una sociedad con un poder “centrífugo”, “policéntrico” o “pluralista” donde múltiples grupos compiten entre ellos, relevando la autonomía del individuo a la del grupo.

2) La representación política velará por el interés de toda la nación

La democracia moderna promete representantes que no estarán sometidos a mandatos obligatorios provenientes de distintos grupos de presión. Sin embargo, dice Bobbio:

“Jamás una norma constitucional ha sido tan violada como la prohibición de mandato imperativo; jamás un principio ha sido tan menospreciado como el de la representación política.” (FD 31)

Esta promesa rota deriva del fracaso de la promesa anterior. Con el poder distribuido entre grupos en pugna, los representantes quedan condicionados a mandatos provenientes de dichos grupos por sobre la representación política de toda la colectividad. Para Bobbio ha sido sumamente difícil cumplir con el ideal de la unidad estatal, mientras que los intereses parciales “no solo no han desaparecido con el advenimiento de la democracia, sino que han aumentado enormemente” (FD 154).

3) Se derrotará el poder oligárquico

El principio fundamental del pensamiento democrático ha sido la libertad entendida como autonomía o “capacidad de legislar para sí mismo”, rompiendo con la tradicional distinción entre “gobernados y gobernantes”.

Pero la democracia vigente, de orden representativo, “es en sí misma la renuncia al principio de libertad como autonomía” (FD 33). En efecto, se otorga la representación a diferentes elites gobernantes. Sin embargo, para Bobbio, más allá de la tarea de avanzar hacia una democracia más directa, habría que prestar especial atención a la distinción entre las “elites que se imponen de las que se proponen” (FD 34), pues cierto grado de representación es inevitable ante el volumen de leyes que se produce día a día.

4) Aumentarán los espacios de elección

La democracia promete mayor participación en los espacios de poder. Esto apunta más que a la pregunta “¿cuántos votan?” a la contestación de aquella que refiera a “¿dónde votan?”. Se trataría de una ampliación, de “ocupar todos los espacios en los que se ejerce un poder que toma decisiones obligatorias para un grupo social” (FD 34).

Pero los espacios de elección siguen siendo limitados. El caso más evidente se da en los dos grandes bloques de poder de las sociedades avanzadas: el aparato administrativo y las empresas. Y si bien puede resultar problemático la elección en esos espacios, Bobbio afirma que el proceso de democratización no podrá ser realizado plenamente mientras no los afecte.

5) Se terminará con el poder invisible (Doble Estado)

Junto al Estado visible opera un “Estado invisible”. Desde éste se toman decisiones ocultas a los ciudadanos. Pues bien, la democracia también prometía el fin de esta instancia siguiendo el ideal de la democracia ateniense, en donde la ciudadanía delibera, tal como en el ágora, “libremente y a la luz del sol” después de escuchar los distintos puntos de vista.

Bobbio, recordando a Kant, señala que esta transparencia era importante no solo porque controla las decisiones de los gobernantes, sino también porque por sí misma funciona como una prueba de legitimidad. En efecto, si una decisión se contradice a sí misma por proclamarse públicamente es porque es ilegítima (p.e: “firmaré este tratado, pero no lo cumpliré”). Kant lo formula así:

“todas las acciones referentes al derecho de otros hombres cuya máxima no puede ser publicada, son injustas”. (Sobre la paz perpetua)

Pero para Bobbio, no solo ha fracasado esta promesa, sino además se ha producido una indeseable inversión de la misma. El Estado invisible persiste y, por el contrario, la vida privada de los ciudadanos queda cada vez más expuesta por el desarrollo de la “computocracia” (hoy diríamos Big data):

“El ideal del poderoso siempre ha sido de ver cualquier gesto y de escuchar cualquier palabra de sus sujetos (posiblemente sin ser visto ni escuchado); hoy este ideal está a la mano”. (FD 38)

6) Surgirá un ciudadano comprometido y activo

Ya desde el siglo XVIII se aseguraba que para transformar un súbdito en ciudadano era necesario atribuirle derechos democráticos: “la educación para la democracia se desarrolla en el mismo sentido que la práctica democrática” (FD 38). De ese modo se esperaba la formación de un ciudadano activo y comprometido con las decisiones públicas, evitando el mal del ciudadano pasivo y maleable:

“en general los gobernantes prefieren a los [ciudadanos pasivos] porque es más fácil tener controlados a súbditos dóciles e indiferentes, pero la democracia necesita [ciudadanos activos]” (FD 39)

Sin embargo, lejos de aumentar la cantidad de ciudadanos activos “comprometidos con la articulación de las demandas y con la formación de las decisiones” (F 40), se ha desarrollado una apatía e indiferencia, una renuncia al derecho democrático fundamental de votar. E incluso entre quienes siguen votando, Bobbio teme que crece una perspectiva no de opiniones políticas, sino de “voto de intercambio”, es decir, un mero voto en respuesta a quien “ofrezca más” en relación al interés propio (y no a una mirada política común). Aquí recuerda la observación de Tocqueville de las democracias de su tiempo:

“las opiniones, los sentimientos, las ideas comunes son sustituidas cada vez más por los intereses particulares” (FD 40).

Obstáculos imprevistos de la democracia real

Para Bobbio estas promesas eran difíciles de cumplir y muchas chocaron con efectos del mismo proceso de democratización que no pudieron ser anticipados. A su juicio “el proyecto democrático fue pensado para una sociedad mucho menos compleja que la que hoy tenemos” (FD 41) y, contra lo esperado, se desencadenaron una serie de efectos que condujeron a paradojas:

“…en el propio seno de las democracias se desarrollan situaciones que la contradicen y amenazan con derrocarla.” (CD 14)

3 Paradojas

1) El surgimiento de la tecnocracia

Con el desarrollo económico y el paso de la economía familiar a una de mercado o planificada, creció la demanda de técnicos para hacer frente a los complejos problemas emergentes.

Pero Bobbio es tajante: “la tecnocracia y la democracia son antitéticas” (FD 41). En la tecnocracia de la sociedad industrial quien lidera la conducción es, al fin y al cabo, el experto y no el ciudadano común y corriente. Y aunque es cierto que el ciudadano actual está mucho más instruido que antes, los problemas se han vuelto mucho más complejos y difíciles de abordar para todos.

La democracia supone que todos pueden decidir sobre todo; la tecnocracia, por el contrario, el que solo los entendidos deben hacerlo.

 2) Crecimiento del aparato burocrático

De igual modo, aumenta continuamente el aparato burocrático y, como ocurre con la tecnocracia, se produce una contradicción esencial: el poder burocrático fluye jerárquicamente de arriba hacia abajo, mientras que la democracia debe hacerlo de modo inverso:

“Si consideramos el sistema político como una pirámide bajo el supuesto de que en una sociedad existan diversos grados de poder, en la sociedad democrática el poder fluye de la base al vértice; en una sociedad burocrática, por el contrario, se mueve del vértice a la base.” (FD 27)

Sin embargo, el mismo desarrollo de los Estados Democráticos ha provocado el aumento de las burocracias ante la necesidad de desarrollar un Estado Benefactor que garantice derechos básicos a los ciudadanos. Quienes no son propietarios y solo cuentan con su fuerza de trabajo necesitan un suelo educativo y material para poder participar de la democracia. Y no es alternativa para Bobbio volver a un Estado mínimo, pero el crecimiento del Estado benefactor aumenta el aparato y, con ello, flujos de poder no democráticos.

3) Bajo rendimiento ante la demanda ciudadana

“En la democracia la demanda es fácil y la respuesta difícil; por el contrario, la autocracia tiene la capacidad de dificultar la demanda y dispone de una gran facilidad para dar respuestas” (FD 44)

Contra lo deseable, la democracia se muestra mucho menos eficiente en la respuesta de las demandas ciudadanas en contraste con un régimen autocrático. Mientras que en una dictadura o en un sistema totalitario la demanda de la ciudadanía es sofocada y las respuestas pueden darse rápidamente (pues no hay mayor control sobre los gobernantes), en las democracias las exigencias de la sociedad aumentan considerablemente gracias a las libertades que les permiten expresarlas, al mismo tiempo que las respuestas de los gobiernos se vuelven menos eficientes, no solo por contar con recursos limitados, sino también por todos los procedimientos de control que se deben respetar:

“Nos vemos obligados a constatar cada día más que la máquina estatal, incluso la más perfecta, se ha hecho demasiado débil y demasiado lenta para satisfacer todas las demandas que los ciudadanos y los grupos le formulan.” (CD 14)

El resultado, por supuesto, es la insatisfacción ciudadana y la dificultad para gobernar.

El futuro de la democracia: maduración e ideales

Promesas rotas y paradojas inesperadas, ¿se trata de un callejón sin salida? “Nada de eso”, dice Bobbio. Si bien existen problemas que a ratos hacen temer por el destino de la democracia, su definición mínima se ha cumplido predominantemente hasta hoy.

¿Basta conformarse con estas reglas? Evidentemente no. Para Bobbio la democracia es “un niño que todavía debe crecer y está llamado a crecer” (FD 149). Sin embargo, no lo conseguirá sin una cuota de realismo importante respecto a sus fallas, pero sin olvidar sus virtudes que aún pueden llegar a madurar: “reconocer sus vicios congénitos sin desanimarse y sin perder la ilusión de poder mejorarla” (FD 20).

Para lo último resulta importante mantener ideales que sean capaces de guiar la transformación y su mejoramiento. Bobbio apela a valores. Estos, hace ver, han sido parte del motor histórico que ha dado inicio a las “reglas del juego” de la democracia:

 “¿Cómo es posible que no se den cuenta  de cuáles han sido las grandes luchas ideales que produjeron esas reglas?” (FD 47)

Bobbio alienta a no olvidar estos valores para encarar la “cruda realidad” de las democracias. A su juicio, solo así será posible avanzar hacia una madurez democrática que vaya más allá de la definición mínima de ésta.

4 Ideales democráticos

1) Tolerancia y oposición al fanatismo:

“Si hoy existe la amenaza contra la paz del mundo, ésta proviene, una vez más, del fanatismo, o sea, de la creencia ciega en la propia verdad y en la fuerza capaz de imponerla.” (FD 47)

2) Resolución de conflictos sin necesidad de acudir a la violencia:  

“Las frecuentemente chuscas reglas formales de la democracia introdujeron, por primera vez en la historia de las técnicas de convivencia, la resolución de los conflictos sociales sin recurrir a la violencia.” (FD 47)

3) Transformación social a través del debate y el cambio de mentalidad:

“Únicamente la democracia permite la formación y la expansión de las revoluciones silenciosas, como ha sido en estas últimas décadas la transformación de la relación entre los sexos, que es quizá la mayor revolución de nuestro tiempo.” (FD 47)

Y para finalizar, y acaso el punto central que articula el ideal democrático…

4) Fin del fratricidio, fraternidad humana para un destino común:

“Hegel (…) definió la historia como un ‘inmenso matadero’. ¿Podemos contradecirlo? En ningún país del mundo el método democrático puede durar sin volverse una costumbre. ¿Pero puede volverse una costumbre sin el reconocimiento de la fraternidad que une a todos los hombres en un destino común?” (FD 48)


Referencias

– [DP] Democracia y pluralismo, N. Bobbio, Revista de ciencia política PUC Vol. 8 Núm. 1-2 (1986)

– [CD] Crisis de la democracia, N. Bobbio, G. Pontara y S. Veca, Ed. Ariel

– [FD] El futuro de la democracia, N. Bobbio, Ed. Fondo de cultura económica

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El futuro de la democracia Cap I (texto principal)

Democracia y pluralismo (enlace externo)

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L.M.R.

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