Sloterdijk: separación, retiro y ejercicio

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Retiro y separación

En la infatigable marcha de la vida moderna, en medio de trabajos y actividades interminables, es posible que irrumpa desde el interior del ser humano un llamado al «retiro».

Diógenes (Jean-Léon Gerôme, 1860)

La corriente de la vida de la época actual está marcada por el estrés, la ansiedad, la depresión y, por cierto, el desencanto y la falta de sentido. Y aunque la mayoría se resigne o busque adaptarse, existen casos destacados en los cuales se gesta un gran rechazo a la forma de vida llevada y una salida radical de la corriente del mundo. Esta separación es lo que Peter Sloterdijk llama el «espíritu de secesión»:

 “… la retirada del individuo de la forma de ser que está sumergida en la corriente de los asuntos del mundo, (…) la salida del río de la vida, a fin de encontrar un sitio en la orilla.” (Has de cambiar tu vida, 291)

Este es el «sujeto recesivo», el que retrocede frente a la marcha de la vida normal, y toma la decisión improbable, excéntrica y extraordinaria de separarse de las reglas que subyacen a la vida humana dominante. En vez de dejarse arrastrar por el río, opta por retirarse a la orilla en búsqueda de otras posibilidades.

Retiro del «mundo»

El «espíritu de secesión» no es exclusivamente moderno. De hecho, explica Sloterdijk, es posible rastrearlo con claridad tanto en la antigüedad como en el medioevo. Y es más, en estas épocas las fuerzas de la sociedad fueron más proclives a concentrar al sujeto sobre sí mismo, a buscar su propia transformación y cambiar sus vidas para alcanzar la sabiduría o la salvación. Por el contrario, en la época moderna, las fuerzas están provocadas bajo el signo del trabajo y la producción, por la transformación del mundo externo y sus cosas.

San Antonio Abad en un paisaje (Juan Bautista Maíno)

De cualquier forma, en todos esos casos, el secesionista siempre será el que rompa de raíz con las maneras del «mundo», la forma dominante de vivir que ha recibido desde su nacimiento. Por esto rechaza tanto su yo antiguo como la identidad colectiva de su sociedad.

De ahí, pues, la idea de retirarse del «mundo». La necesidad que se gesta de salir del lugar donde se intensifica la forma de vida rechazada. Para Sloterdijk, la ciudad y la cultura de las sociedades establecen sus propias normas (explícita o implícitamente), tal como si se tratara de un gran monasterio. En este lugar, los miembros se ejercitarían constantemente para cumplir la normativa imperante (por ejemplo, hoy, ser eficientes y productivos).

Esta secesión de tipo topológica, la salida de la ciudad en búsqueda de otro lugar, está ampliamente evidenciada en la historia antigua y reciente. Se trata de los  «espacios de retirada» que los mismos secesionistas han llegado a construir:  eremitorios, monasterios, academias, templos, refugios en la montaña, en el bosque, en el desierto. Son «biotopos», dice Sloterdijk, o «heterotopias», como las definiera Foucault, es decir, otros lugares cargados de normativas distintas a las que rigen en la sociedad general:

“…en su interior rigen reglas propias, las cuales con frecuencia contradicen a la lógica de la totalidad.” (285)

Un retiro más profundo

Pero, dice Sloterdijk, la forma esencial y originaria del retiro va más allá de irse de un espacio físico. En efecto, el retiro puede ser interiorPor medio de una «apropiación de sí», sería posible refugiarse de la norma imperante para crear otra manera de pensar y vivir.

Marco Aurelio, en la cabeza misma del imperio romano, no necesitaba retirarse de la ciudad. Podía incluso moverse entre el «mundo» y su «refugio interior». Él lo tenía claro y lo deja de manifiesto en sus Meditaciones, que expresan el único refugio que necesitaba:

Meditaciones (edición 1811)

“La gente se suele retirar al campo, a la costa o a la montaña. Tú mismo lo deseas a menudo. Pero es un tanto ingenuo, pues en cualquier momento te puedes retirar en ti mismo. En ninguna otra parte se encuentra más sosiego y quietud que en la propia alma.” (Meditaciones)

De este modo, frente al gobierno de la vida social sobre la conducta de los individuos, el sujeto secesionista puede buscar cambiarlo por un auténtico autogobierno, uno bajo la guía de una nueva «Constitución» interior. En la «Mikropolis» de su espíritu, compara Sloterdijk, puede llevar a cabo un «gobierno de transición», uno cargado de «ejercicios espirituales» o «antropotécnicas» que, ejecutadas metódicamente, pueden permitirle cambiar su ser y forma de vivir.

Condiciones para un retiro efectivo

El retiro esencial, ya sea en medio del ajetreo citadino, o con el apoyo del retiro espacial, requiere siempre de las siguientes condiciones para ser efectivo:

  1. Ejercitación y retirada metódica

San Jerónimo escribiendo (José de Ribera, 1615)

“La ejercitación básica que constituye al sujeto (…) no es, evidentemente, otra cosa que la retirada ejecutada de forma metódica, con respecto al complejo de situaciones comunes a lo que se llama «la vida» o «el mundo».” (289)

Debe existir una ejercitación sistemática y regular, esto es, una insistencia decidida y bien pensada, para que sea factible la eliminación de viejas ideas y conductas provenientes del «mundo». Se trata de reconfigurar la propia existencia con la ejercitación diaria de las antropotécnicas que expulsan la vieja vida y traen la nueva y deseada. Esta es la piedra angular del secesionista.

  1. Rechazo y fronteras

Se requiere un rechazo firme y constante a la tentación de escapadas o alivios que ofrece la vida común; se busca evitar la recaída. Cabe considerar que el ejercicio «psicogimnástico» no es tarea fácil, por lo que resultan esperables desvíos y recaídas ante el influjo de la vida anterior. Las «fronteras», por lo tanto, se vuelven importantes:

“Para mantener el enclave es imprescindible una continua vigilancia de las fronteras y el control diario de las infiltraciones que vienen del exterior.” (294)

Unas fronteras que deben centrarse en limitar, por una parte, aquello que ingresa desde los sentidos y, por otra, lo que influye desde el lenguaje y los discursos circulantes. En ambos casos, sea por pasiones gatilladas por la sensibilidad, sea por el arrastre de significados colectivos, se vuelve probable una pérdida del camino. De ahí que las antropotécnicas deban fortalecer las barreras que frenan la infiltración de lo «impropio».

  1. Soliloquios y autopersuasión

Y buena parte de esta ejercitación se conforma como una «endo-retórica», discursos de autoexhortación que dirigen a la nueva sabiduría o salvación, que expulsan de sí el discurso público y sus normativas. Por esto es que Sloterdijk cree que, en el fondo, “la vida de los ejercitantes constituiría un continuum de actos de autopersuasión” (303).

Ahora bien, Sloterdijk distingue 3 categorías clave de estas formas de soliloquios del secesionista. Los tres cumplen respectivamente las funciones de limitar lo externo, consolidar lo interno y aclarar el horizonte perseguido en tanto «tensión vertical» que los atrae con fuerza.

    1. «Discursos de separación», centrados en el retiro mismo, el quiebre o salida de la corriente que arrastra al sujeto en la norma (sean en sus inicios del nuevo camino, sean por futuras recaídas).
    2. «Discursos de entrenamiento», los cuales buscan mejorar «la condición inmunológica espiritual», fortaleciendo fronteras frente a la vida impropia a través de discursos intelectuales, moralizantes o capaces de forjar respuestas sensoriales convenientes (asco, repugnancia a lo impropio).
    3. «Discursos visionarios», aquellos que ven el todo y la altura buscada, aquellos que tensionan verticalmente al individuo para ascender en su camino bajo la “intuición de una perfección lejana pero vinculante” (276).
  1. El custodio interior

Por último, debe haber un guía interior. Un otro asimétrico —por sobre el yo ejercitante— que surge fruto de un desdoblamiento del sujeto. Este guía y apoyo interior —una especie de maestro o yo ideal que puede cobrar múltiples formas— es el «partner superior» que indica: i) qué se debe ser y ii) cuál es el estado de progreso actual. Este otro yo que cuida, custodia y acompaña al ejercitante (custos en palabras de Séneca) es el que hace posible el intenso diálogo interno, así como quien ofrece una solución a la soledad esperable de quien se separa y retira:

“Un autodesdoblamiento así suministraría una estratagema imprescindible para todos los ejercitantes que se encuentren a mitad de camino: les revela un método para estar, tras su retirada del mundo, en buena compañía.” (298)

Separarse y ejercitar

Un joven leyendo en la orilla del río (atribuido a Jeffrey Larson)

La secesión y el retiro son para Sloterdijk el caso de lo improbable. Son sujetos que tendrían que acudir a conductas prácticamente «acrobáticas» para salir del río de la vida. Solo por la excepcionalidad podrán alterar sus vidas a contracorriente del espíritu dominante de su época.

La dureza de sus viejos hábitos, las opiniones arraigadas con las cuales han sido formados y la soledad que depara a los que se retiran, los obligan a poseer un método y disciplina contundentes. Solo con el set de herramientas antropotécnicas efectivas podrán evitar caer en el fatalismo y así confiar en la viabilidad de la vida mejor que los atrae desde su futuro.

Actualmente, la época marcha sobre la producción, el crecimiento, la expansión  y el “desarrollo” a toda costa. Las ideas de “felicidad”, “realización personal” o “éxito” están atravesadas por estas fuerzas dominantes. Los individuos, hijos de su tiempo, se ejercitan desde su nacimiento en el gran Monasterio-Ciudad de la modernidad, donde la norma colectiva los provoca a transformarse en excelentes trabajadores y profesionales bajo las guías del “coaching” de la efectividad y el rendimiento. Todo esto, por supuesto, muy lejos de tener por fin central la felicidad o siquiera la mínima salud mental que requieren los seres humanos.

Este contexto es el que hace que aún existan algunos que, llamados al retiro, opten por separarse de la vida normalizada. Aquellos que, como en el pasado, se atreven a salir de la corriente, dirigiéndose a la orilla del río. Aquellos que no se quedan en la pura crítica cínica o el anhelo melancólico y paralizante, sino, por el contrario, aquellos que, al fin, se lanzan contracorriente, se separan y ejercitan.


Referencias

  • Peter Sloterdijk, Has de cambiar tu vida, Editorial Pre-Textos, 2012.

  • Marco Aurelio, Meditaciones, Alianza Editorial, 2014.

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Publicado por

T.M.

Escritos: Tomás M. Revisión: Catalina L. (ver más)

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