Stephen Hawking: visiones del universo

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¡A pensar el cosmos!

“Hasta ahora, la mayoría de los científicos han estado tan ocupados con el desarrollo de nuevas teorías que describen lo que es el universo que no se han planteado la cuestión de por qué. Por el contrario, las personas cuya ocupación es preguntar por qué –los filósofos- no han sido capaces de mantenerse al tanto del avance de las teorías científicas” (TT 138).

Una de las reflexiones finales de Hawking en La teoría del todo, es la importancia de volver accesible la cosmología y sus fundamentos científicos a un público mayor. La enorme especialización de las ciencias desde el siglo XIX ha sido tan grande, que no solo se ha alejado enormemente del sentido común de las personas, sino que se ha vuelto incluso hermética para otras disciplinas del conocimiento humano.

Es así, comenta Hawking, que incluso para quienes por largo tiempo preguntaron por el cosmos –los filósofos- el tema ha quedado cerrado.  Un Περὶ οὐρανοῦ (Sobre el cielo) de Aristóteles parece anacrónico. O la famosa confesión kantiana “el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí” parecen más anécdotas que motores del pensamiento filosófico actual.

“(…) Los filósofos redujeron tanto el alcance de sus investigaciones que Wittgenstein, el más famoso filósofo de este siglo, dijo: ‘La única tarea que queda para la filosofía es el análisis del lenguaje’. ¡Qué retroceso desde la gran tradición de la filosofía de Aristóteles a Kant’!” (TT 138).

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David Christian: 8 umbrales de la Gran Historia

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Big History: del origen de universo hasta hoy

¿Cuál es nuestra historia común como humanidad? No la de éste o aquél grupo, ni de esta o aquella época, sino la de todos los seres humanos desde los orígenes hasta el momento presente. ¿Es posible hallar un relato semejante?

Este es el propósito de David Christian. Para él es ya posible aventurarse en un relato común que nos permita comprender un poco mejor nuestro lugar en el cosmos. El desarrollo de las ciencias, especialmente en las últimas décadas, ha facilitado la articulación de sus descubrimientos. Esto permitiría crear un relato capaz de vincular  la vida del ser humano con fenómenos tan fundamentales como el origen de la vida o el universo. 

Y es que, en efecto, la pregunta por el ser humano ha conducido siempre a indagar su origen. Hoy en día esto ha llevado a traspasar cada vez más las fronteras de las disciplinas, para posibilitar la adquisición de una mirada más completa e integradora:

“Quien desee comprender la historia de la humanidad deberá examinar la evolución de esa extraña especie que es la especie humana, y esto implica conocer las transformaciones que ha venido experimentando la vida en la Tierra, lo que a su vez conlleva el estudio de la evolución del propio planeta, análisis que nos conduce a estudiar la evolución y el progreso del universo entero” (GH 9)

Preguntar por la historia humana nos lleva a indagar no solo sobre sus fundamentos sociales y culturales, sino también nos conduce a abordar su cualidad de especie y ser viviente en este planeta. Con esto, las preguntas pronto se trasladan a los orígenes de la vida misma, la materia que la hace posible y el Universo en el cual, en última instancia, se ha originado.

Cosmología, Ciencias de la Tierra, Biología, Antropología, Historia y más. Todas estas disciplinas se ven implicadas e interrelacionadas al intentar desarrollar la “Gran Historia” que propone David Christian, desde los inicios del Universo hasta el momento presente del ser humano en la Tierra.

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Norberto Bobbio: promesas y paradojas de la democracia

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Una definición mínima de democracia

“Existen democracias más sólidas o menos sólidas, más vulnerables o menos vulnerables; hay diversos grados de aproximación al modelo ideal, pero aun la más alejada del modelo no puede ser de ninguna manera confundida con un Estado autocrático y mucho menos con uno totalitario.” (FD 46)

Para Bobbio, a pesar de todo, las democracias han logrado resistir e incluso aumentar en el mundo desde la segunda guerra mundial. Por lo mismo -y antes de abordar sus promesas incumplidas y paradojas imprevistas- considera fundamental dejar claro el suelo mínimo que ha persistido a lo largo del último tiempo y que ha significado su oposición definitiva frente a dictaduras y sistemas totalitarios.

“Si se me pide que dé una definición de democracia, yo les respondo así: la democracia es un conjunto de reglas que permiten tomar decisiones colectivas, vale decir, decisiones que se refieren a toda una colectividad, con el mayor consenso posible de las personas a las que estas decisiones se aplicarán.” (DP 127)

Este es el punto de partida para su definición mínima de democracia. Ésta tiene su propio modo de responder a las preguntas comunes a toda forma de gobierno, a saber: quiénes toman las decisiones, cómo lo hacen y bajo qué condiciones lo hacen. La democracia contestaría del siguiente modo:

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Hannah Arendt: poder y violencia

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Para una parte importante de la tradición del pensamiento político se ha asociado de manera más o menos directa el poder con la violencia. De acuerdo a esta perspectiva, tras el poder se hallaría, en realidad, la capacidad de ejercer violencia para mandar y dominar a otros. “El poder surge del cañón de un fusil”, decía Mao Zedong.

Por el contrario, para Hannah Arendt, la violencia no se identifica nunca con el poder, ni tampoco es capaz de producirlo; más bien, serían fenómenos contrarios:

“El poder y la violencia se oponen el uno a la otra; allá donde uno domina, la otra está ausente. La violencia aparece cuando el poder peligra, pero si se permite que siga su curso, lleva a la desaparición del poder. Lo cual implica que es un error pensar que lo opuesto de la violencia es la no violencia; hablar del poder no violento es una redundancia.” (SV 75)

Lo opuesto a la violencia es el poder. Para comprenderlo de esta manera, Arendt acude a una tradición diferente, en donde el poder no es mero mandato y obediencia, sino cooperación, acuerdo y coordinación entre iguales:

“Cuando la ciudad-estado de Atenas dio a su forma de gobierno el nombre de isonomía, o los romanos llamaron civitas a la suya, pensaban en una concepción del poder y de la ley cuya esencia no se basa en la relación mandato-obediencia ni identificaba el poder con el dominio o la ley con el mandato (…) ” (SV 55)

Como se verá, el auténtico poder radicará en la capacidad de unión para actuar concertadamente.

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Musonio Rufo y Aspasia de Mileto: que las mujeres también han de filosofar

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El prejuicio de la antigüedad clásica contra la mujer filósofa

En la búsqueda histórica, dentro de la antigüedad clásica, de referentes o modelos para fomentar la filosofía entre las mujeres, nos encontramos prontamente con un obstáculo mayor. No sólo chocamos con una lamentable escasez de fuentes disponibles, sino que además nos encontramos por doquier con un discurso en el cual a la mujer se le niega, de una u otra manera, el acceso a la filosofía.

En la Grecia y Roma de la antigüedad, la mujer tiene asignado, en primer lugar, un rol social limitado (“dueña de casa”) que dificulta enormemente su educación y restringe su participación en la vida ciudadana. En segundo lugar, y acaso lo más grave, se ve apresada por un prejuicio generalizado en el cual se considera que por naturaleza no está bien dispuesta para la filosofía y las tareas de la razón. Simone de Beauvoir, en el inicio de su obra El segundo sexo, expone este prejuicio en las palabras del propio Pitágoras:

“Existe un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer.” (Ss 11)

Ejemplos como éste abundan en la literatura y la filosofía antigua. Sin embargo, también es posible encontrar algunas luces (aunque escasas) que permiten contrariar estas nefastas opiniones. Si bien esos casos ejemplares no son totalmente perfectos –en el horizonte de nuestras actuales exigencias- sí consiguen poner en cuestión prejuicios arraigados de su propia época y que, aunque parezca sorprendente, aún conservan vigencia en algunos sectores de la sociedad hasta el día de hoy. Así es como podemos encontrar, por suerte, palabras como las que siguen en el siglo I d.C.:

“El mismo raciocinio han recibido de los dioses las mujeres y los hombres, el que utilizamos en las relaciones mutuas y con el que discurrimos sobre cada cosa si es buena o mala y si es hermosa o fea. (…) el deseo y la buena disposición natural hacia la virtud residen no sólo en los hombres, sino también en las mujeres.” (Df III-9)

Estas son palabras del filósofo estoico y romano Musonio Rufo, para quien, como se revisará a continuación, mujeres y hombres poseen por naturaleza la misma razón, disposición y capacidad para pensar y educarse, para filosofar y formarse como seres racionales y virtuosos. 

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Jacques Ellul: el fenómeno técnico como realidad independiente

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“La técnica ha tomado cuerpo, se ha convertido en una realidad en sí misma. No es ya solamente medio e intermediario, sino objeto en sí, realidad independiente y con la que hay que contar” (Et 68)

En general, se suele considerar la técnica y las tecnologías como medios o herramientas al servicio del ser humano. Sin embargo, para Jacques Ellul, esta mirada excesivamente antropocéntrica ha sido incapaz de comprender el fenómeno técnico tal como ha evolucionado en los últimos siglos. La técnica, dice, no debe confundirse ni con las máquinas, ni con las operaciones técnicas particulares. La técnica, por el contrario, constituye un fenómeno total, un orden sistémico que ha llegado a expandir la lógica de la máquina a todos los ámbitos de la vida humana.

“…en nuestra civilización, la técnica no está limitada por nada: se extiende a todos los campos y abarca toda la actividad y todas las actividades del hombre.” (Et 84)

Si bien la técnica se originó históricamente como herramienta para servir al hombre en su lucha contra el medio natural, ha evolucionado hasta convertirse ella misma en el medio o entorno con el cual hay que contar. Pero esto no es todo, para Ellul el fenómeno técnico ha llegado a independizarse completamente de los fines humanos. Ha hecho prevalecer su propia ley (eficiencia e instrumentalización total) hasta el punto de transformar al ser humano en una mera pieza más de una inmensa maquinaria.

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