Señales de progreso para una vida virtuosa (Plutarco)

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Si asumimos que el ascenso a la virtud o excelencia (areté) no es un sendero breve ni fácil, sino largo y requerido de esfuerzos, ¿cómo podemos reconocer que no nos hemos desviado en el trayecto y que nos mantenemos por buen camino? Hace ya casi dos milenios el filósofo griego Plutarco de Queronea (46/50 -120 d.c) dejó algunas señales para responder este problema (Cómo percibir los propios progresos en la virtud).

A continuación se presenta una síntesis de estas principales señales de progreso que aún conservan vigencia para quien busca la mejora de su propio modo de ser más allá del mero “éxito social”. Para Plutarco la virtud no se define por los valores convencionales (fama, riquezas, poder y placeres) sino esencialmente por lograr una plena soberanía sobre sí mismo [1].

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Ejercicios espirituales y filosofía como forma de vida (Pierre Hadot)

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“(…) haz como el escultor que debe crear una estatua hermosa: quita, cincela, pule y limpia hasta que aparece el bello rostro de la estatua. Del mismo modo tú también debes quitar todo cuanto sea superfluo y enderezar lo torcido, purificando lo siniestro para convertirlo en brillante, sin dejar de esculpir tu propia estatua hasta que brille en ti la claridad divina de la virtud.” (Plotino, Enn, I 6)

Para el filósofo Pierre Hadot los ejercicios espirituales fueron en la antigüedad prácticas regulares dedicadas a convertir la propia vida en un camino progresivo de mejora de sí mismo en vistas del ideal del sabio y la vida virtuosa. Este recorrido de transformación y mejora se presentaba como una crítica y quiebre respecto a la forma de vida ya dada por la convención social buscando invertir los valores predominantes (riquezas, honores, placeres) por otros propuestos como preferibles para la vida (virtud, contemplación, simplicidad vital).

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