Meditación de la técnica – Ortega y Gasset

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De la enérgica reforma de la naturaleza, al extravío y desazonante no saber qué ser. Si bien “no hay hombre sin técnica”, el gran poder técnico de nuestra época ha conducido al ser humano a no saber qué hacer con su vida, a caer en un vacío respecto de su propio proyecto y, por lo tanto, a poner en peligro lo que le es más propio: hacerse a sí mismo.

Técnica: la reforma de la naturaleza para el proyecto humano

Para Ortega y Gasset el ser humano desde sus inicios se ha afanado por estar en el mundo, esto es, mantenerse y sobrevivir en él. Pero no de igual modo que cualquier animal, el cual si ya no consigue obtener de la naturaleza lo que le ofrece, se deja morir. El ser humano, por el contrario, no se resigna, actúa enérgicamente fabricando aquello que le ha sido negado:

El hombre (…) dispara un nuevo tipo de hacer que consiste en producir lo que no estaba ahí en la naturaleza, sea que en absoluto no esté, sea que no está cuando hace falta. (p.18)

Este hacer es el acto técnico, aquello que posibilita que el ser humano sea tal, pues gracias a la emancipación de las puras necesidades básicas puede dedicarse a lo que le es propio: hacerse a sí mismo, fabricarse. En efecto, el ser humano no tiene hecho ya su ser y “quiera o no, tiene que hacerse a sí mismo, autofabricarse”. Pero este hacerse no es capricho de cualquier posibilidad, sino más bien implica un programa o proyecto de vida que, yendo más allá del mero estar, se proyecta en un bienestar en el mundo.

El bienestar y no el estar es la necesidad fundamental para el hombre, la necesidad de las necesidades. (p.26)

Ortega es enfático al señalar que la técnica no es esencialmente un mero medio para adaptarse a la naturaleza y a las necesidades elementales humanas. Más bien, la técnica adapta el medio natural mismo al proyecto humano, esto es, provoca una verdadera “reforma de la naturaleza” para que ésta sea la que se adecue al hombre:

La técnica es lo contrario de la adaptación del sujeto al medio, puesto que es la adaptación del medio al sujeto. (p.23)

Sin embargo, el desarrollo histórico de la técnica no debe llevar a considerar que se ha mantenido en un continuo y lineal “progreso”. Ortega nos advierte que esta idea es errónea ya que a cada proyecto humano corresponde determinada forma técnica y, proyectos de vida humana, han habido muchos. La técnica desarrollada en cada tiempo está referida a cierta idea de bienestar e incluso, en algunas épocas, esta idea de bienestar no exigía tanto énfasis en el desarrollo técnico (como lo conocemos ahora). 

El que hoy sintamos en forma extrema (…) el afán de invenciones, no debe hacernos suponer que siempre ha sido así. (p.30)

Podemos pensar, por ejemplo, sobre las ricas técnicas que se han desarrollado en oriente en torno al cultivo del alma y ponerlas en contraste con el énfasis del hombre occidental en torno al dominio de la naturaleza y el desarrollo de sus máquinas. Cada forma técnica supone un programa o proyecto humano diferente.

Gracias a esta reflexión del carácter variable e histórico de la técnica es posible plantear correctamente la meditación de ésta en nuestro tiempo. Para Ortega, la técnica se ha vuelto tan importante que puede hablarse ya de una “edad de la técnica”, en la cual su función ha llegado a modificarse de manera sustancial. 

La técnica de hoy: poder serlo todo y no ser nada

Ortega distingue tres estadios históricos principales del desarrollo técnico: la técnica del azar, la técnica del artesano y –el de nuestra circunstancia actual- la técnica del técnico.

En la técnica del azar, los descubrimientos a los que llega se dan sin que los haya buscado deliberadamente, aparecen azarosamente dentro de la naturaleza. Sus actos de este orden son aún atribuidos como actos donados por la naturaleza misma y no a su capacidad de transformarla. 

Este hombre, pues, no se sabe a sí mismo como inventor de sus inventos. La invención le aparece como una dimensión más de la naturaleza –el poder que ésta tiene de proporcionarle, ella a él, y no al revés, ciertos poderes. (p.85)

En segundo lugar, la técnica del artesano de la antigüedad y la edad media, amplía el repertorio de sus técnicas e incluso aparecen individuos especializados para realizarlas (artesanos), pero aún se considera dicho conocimiento como algo perteneciente a un sistema de artes fijas, que se aprenden y heredan de generación en generación, sin posibilidad alguna de innovación sistemática. Junto a esto, además, los instrumentos aún no llegan a transformarse en verdaderas máquinas que, como veremos, resultan de suma importancia para la etapa siguiente.

Tercero y finalmente, en nuestra época, el técnico consigue una plena conciencia de su capacidad técnica como tal provocando una nueva circunstancia para el ser humano. En primer lugar, adquiere conciencia de un poder ilimitado para reformar la naturaleza. Ahora el ser humano puede buscar deliberada y sistemáticamente soluciones a sus problemas gracias al poder técnico en desarrollo, capaz de evolucionar hasta formas prácticamente ilimitadas. En segundo lugar, aparece la máquina automatizada que, a diferencia del instrumento artesanal, cobra un papel protagónico en la relación con el ser humano:

En la artesanía el utensilio o trebejo es sólo suplemento del hombre. Este, por tanto, el hombre con sus actos “naturales”, sigue siendo el actor principal. En la máquina, en cambio, pasa el instrumento a primer plano y no es él quien ayuda al hombre, sino al revés: el hombre quien simplemente ayuda y suplementa a la máquina. (p. 90)

Tanto esta servidumbre a lo maquinal como las ilimitadas posibilidades que permite proyectar el poder técnico, generan una situación indeseable: el ser humano no logra hacer uso del nuevo poder técnico para crear un proyecto de sí mismo, de su ser; más bien, por el contrario, esta nueva condición lo conduce a un incierto y desazonante no saber qué ser. Ortega pone énfasis sobre todo en esta condición de ilimitación y la describe con gran lucidez:

El hombre está hoy, en su fondo, azorado precisamente por la conciencia de su principal ilimitación. Y acaso ello contribuye a que no sepa ya quien es –porque al hallarse, en principio, capaz de ser todo lo imaginable, ya no sabe qué es lo que efectivamente es. (…) Porque ser técnico y sólo técnico es poder serlo todo y consecuentemente no ser nada determinado. De puro llena de posibilidades, la técnica es mera forma hueca –como la lógica más formalista-; es incapaz de determinar el contenido de la vida. Por eso estos años en que vivimos, los más intensamente técnicos que ha habido en la historia humana, son de los más vacíos. (p. 92)

Sin embargo, Ortega en ningún caso arremete contra la técnica por esta difícil circunstancia en la que nos deja. Por el contrario, aboga por su cuidado, pues es la técnica la que permite que el humano pueda hacer su ser y, por lo mismo, ser humano como tal. Si se llegara a olvidar esta radical importancia de la técnica, el mundo tal como lo conocemos y las posibilidades que nos otorga -a pesar de todo- no serían posibles (basta pensar en la inmensa y creciente población del mundo y la técnica necesaria para mantener su subsistencia).

 En suma, urge  seguir meditando la situación de nuestra “edad técnica”, comprender esta pobreza creativa de proyectos humanos a pesar que sea justamente nuestro tiempo el que más viable los permite ser (“toda la fabulosa potencialidad de nuestra técnica parece como si no nos sirviese de nada” p.50). Por otra parte, la huida de esta circunstancia no es ninguna salida posible, pues si la técnica es “la que da franquía al hombre para poder vacar a ser sí mismo”, su deterioro completo conduciría irremediablemente al deterioro de lo propiamente humano: el poder hacer o fabricar su propio ser. Por eso es de suma importancia escuchar a Ortega cuando nos dice que “No hay hombre sin técnica”.

 


REFERENCIA

Meditación de la técnica, Ortega y Gasset, Revista de Occidente

ENLACES

Sobre la vigencia de estas meditaciones orteguianas y comparación con otros pensadores de la técnica: http://institucional.us.es/revistas/argumentos/6/art_3.pdf

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