Crisis de las ciencias y renovación del ser humano (Edmund Husserl)

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¿Podrá hablarse seriamente de una verdadera crisis de nuestras ciencias? Esta frase tan escuchada en nuestros días, ¿no es una exageración? (Crisis, p. 9)

Tal como lo hace ver Husserl, hablar de una “crisis” en las ciencias, sobre todo considerando sus éxitos técnicos, parece un error. Sin embargo, cuando se comprende realmente en qué sentido se habla de “crisis”, comienza a revelarse un problema que toca lo más fundamental del significado de la vida humana.

 

Crisis de las ciencias como expresión de la radical crisis humana

En efecto, la crisis de las ciencias empíricas es una manifestación de una crisis radical de la vida humana. Si bien es indiscutible su éxito metodológico y técnico, no lo es así respecto a su posibilidad de abordar y responder problemas fundamentales para el ser humano.

En el desamparo de nuestra vida –así oímos decir- esta ciencia no tiene nada que decirnos. Justamente las cuestiones que excluye por principio son los problemas más candentes para los hombres entregados a conmociones que ponen en juego su destino en nuestros tiempos infortunados: las cuestiones acerca del sentido o del sinsentido de toda la existencia humana (Crisis, p. 12)

Estas palabras las rescata Husserl de las reacciones de su propia época, atravesada por las catastróficas guerras mundiales. Sin embargo, este pensamiento tiene plena vigencia cuando aún vivimos un despliegue incesante de las ciencias y la tecnología sin haber llegado aún a respuestas decisivas sobre nuestra libertad, nuestros valores, nuestros fines como sociedad y los fundamentos en los cuales se sustentan.

Pero ¿por qué acusar a la ciencia empírica y su perspectiva de lo que acaso no es su asunto de estudio? El problema es histórico. Por una parte, aquello que en algún momento les daba fundamento y articulación se desmoronó, dejándolas como “residuos” de disciplinas especializadas y desarticuladas entre sí. Por otra parte, sus éxitos técnicos deslumbraron a tal punto al ser humano que lo llevó a un descuido -e incluso rechazo- de todos los ámbitos que iban más allá de lo empírico o factual, esto es, del ámbito de la libertad, los valores y los ideales.

Sin embargo, tras este deslumbramiento inicial (fundamentalmente en el siglo xix) y tras el desastre de la primera guerra mundial, se comenzó a caer en una intensa desconfianza sobre las disciplinas empíricas y su orientación, puesto que resultaban incapaces de dar respuestas reales a los urgentes problemas que acontecían:

Lo que ha puesto al descubierto la guerra es la indescriptible miseria, no sólo moral y religiosa, sino filosófica de la humanidad. (Carta a W. Hocking, 1920)

¿Qué tiene la ciencia que decirnos sobre la razón y sinrazón, sobre nosotros los hombres en tanto sujetos de esta libertad? (Crisis, p. 12)

Las ciencias se muestran insuficientes: “la verdad científica y objetiva es exclusivamente comprobación de aquello que el mundo, tanto físico como espiritual efectivamente es” (Crisis, p. 12), pero no es capaz de salir de los hechos para trascender hacia los ideales, conduciendo a un tipo de hombre cuya comprensión del mundo y de sí mismo se vuelve sumamente problemática e incluso peligrosa. Husserl sentencia tajantemente: “meras ciencias de hechos, hacen meros hombres de hechos” (Crisis, p. 11).

El proyecto moderno de la razón y su fracaso

Pero esto no fue siempre así. La modernidad comenzó con un proyecto diferente. El renacimiento, inspirado en la antigüedad, propuso a la razón como guía para responder a todos los problemas significativos del ser humano. El hombre podría “darse libremente a sí mismo, a su vida total, su regla sacada de la pura razón, de la filosofía” (Crisis, p. 13). La razón sería norma y guía, elaborando una  filosofía universal  o ciencia omnicomprensiva, cuyo saber crecería con el tiempo de manera ordenada y metódica:

Un edificio único de verdades definitivas y teoréticamente trabadas, creciendo hacia el infinito, de generación en generación, debía pues responder a todos los problemas imaginables (Crisis, p. 14)

Esta razón del proyecto moderno, por lo tanto, no se ocuparía sólo de los asuntos “de hecho”, sino también de aquellos concernientes a los fundamentos, valores, ideales y fines de una humanidad libre. De ese modo, las mismas ciencias empíricas tendrían un lugar propio dentro de una “filosofía universal”, se hallarían arraigadas, tal como el mismo Descartes lo pensaba en los inicios de esta época:

De este modo, la totalidad de la Filosofía se asemeja a un árbol, cuyas raíces son la Metafísica, el tronco es la Física y las ramas que brotan de este tronco son todas las otras ciencias (…) (Principios de Filosofía, p. 15)

Sin embargo, a lo largo de los siglos, la fe en este proyecto se fue desmoronando poco a poco tras los sucesivos fracasos de construir un sistema filosófico universal. Las ciencias empíricas, sin embargo, continuaron progresando paralelamente con “éxitos indiscutibles”, pero a pesar de esto, fueron perdiendo el sentido y su lugar relativo a aquella ciencia omnicomprensiva o filosofía universal.

Desde Hume y Kant, señala Husserl, sobrevino luego “una larga época, que se extiende hasta nuestros días, de luchas apasionadas para penetrar en una clara comprensión de las verdaderas causas de este fracaso”  (Crisis, p16). Dicho fracaso fue tan grave que llegó a afectar a la totalidad de la razón en la cual se depositaba el sentido y guía para la humanidad. En efecto, al desmoronarse la creencia de una filosofía universal, se desmoronaba también la creencia en una “razón” que, en última instancia, “da sentido a todo lo que supuestamente es, a todas las cosas, valores, fines, o sea, lo que les da su relación normativa con aquello que,  desde los comienzos de la filosofía, designa la palabra ‘verdad’” (Crisis, p. 18).

La reconstrucción de la racionalidad humana

¿Es el fin absoluto del proyecto de la razón? No para Husserl. Toda su filosofía se puede comprender como una reconstrucción del ser humano como ser racional (cf. Sánchez M.), pero bajo la revisión crítica de su propia historia:

Sólo la íntima comprensión de la marcha de la filosofía moderna desde Descartes hasta el presente (…) hace posible antes que nada una comprensión de este presente mismo (Crisis, p. 20).

Solo así será posible preguntarse por un nuevo fundamento, volver a pensar la razón, pero sin caer en lo que Husserl llama la evidente “ingenuidad” del racionalismo del siglo de la Ilustración. Tampoco se debe caer, por otro lado, en un abandono de la razón por dicho fracaso, pues las posturas irracionalistas no son sino una “mala racionalidad, estrecha de miras, y peor que la del viejo racionalismo” (Crisis, p. 21).

Es pues, la revisión y crítica histórica lo que da pie a Husserl para volver a pensar la filosofía y la racionalidad misma, pero tomando conciencia no solo de la situación de desamparo en la cual se ha caído por dicho fracaso,  sino también reconociendo la herencia del pasado, prestando atención a “la misión que la palabra ‘filosofía” indica” (Crisis, p. 23). Para Husserl, la razón ha sobrevenido a lo largo de la historia en un intento de radical autocomprensión que, a pesar de todo, aún no ha terminado y requiere ser investigada. Son necesarias “concienzudas reflexiones retrospectivas históricas y críticas para alcanzar, antes de todas las decisiones, una radical autocomprensión” (Crisis, p. 23).

La renovación del ser humano y la cultura

El resultado de esta revisión histórica es, para Husserl, la posibilidad de reconstruir la racionalidad desde una nueva perspectiva filosófica: la fenomenología trascendental. Ésta sería capaz de volver a dar a la razón del ser humano, pero desde la actitud propiamente fenomenológica, fundamentos universales y de carácter apodíctico desde los cuales se volvería posible la tarea más alta de todas: “permitir a la humanidad desarrollarse hasta el plano de la autonomía personal” (La filosofía como autorreflexión, p. 137).

La fenomenología trascendental muestra al ser humano no ya reducido a un mero hecho natural entre otros, sino desde la posibilidad de acceder desde él mismo al ámbito de los fenómenos –pero no según su ser fáctico- sino según sus posibilidades y leyes ideales, desde las cuales se volvería realmente viable una fundamentación normativa para el hombre que lo oriente a una  renovación de sí mismo y su cultura:

“Renovación en el sentido de conversión ética y de configuración de una cultura ética universal de la humanidad” (Carta  a Albert Schweitzer, 1923).

Como seres humanos, Husserl afirma, somos sujetos de voluntad libre capaces de intervenir activamente en el mundo que nos rodea para contribuir a configurarlo. De igual modo, desde esta nueva racionalidad, la humanidad en conjunto puede llegar a valorarse a sí misma y orientar su voluntad para conformar “una humanidad mejor y una cultura auténticamente humana” (Renovación, p. 2). La nueva racionalidad es una razón cognoscente, pero “de un orden más amplio”, lo que implica que es capaz de reflexionar y tomar conciencia “de lo que es verdaderamente bueno, justo, conforme al deber” (La filosofía como autorreflexión p. 134).

Es por todo lo anterior que en la filosofía de Husserl yace la posibilidad de una respuesta a la crisis de la humanidad. Esta humanidad desarraigada, atrapada en una comprensión (y autocomprensión) restringida a lo puramente factual, es incapaz de acceder a valores e ideales que apunten a la mejoría de lo que “de hecho” es el ser humano y su mundo. La fenomenología de Husserl, por el contrario, permitiría fundamentar un acceso al ámbito de las posibilidades ideales, de la autonomía y libertad humana que  podría llevar a todos a un convencimiento de renovación y transformación de progreso infinito hacia una mejor posibilidad:

sólo este conocimiento puede devenir un sólido patrimonio común, de modo que finalmente, por obra de miles y miles de convencidos de la racionalidad de la empresa, las montañas se muevan; es decir, el movimiento de renovación que se limitaba a latir emotivamente se transforme en el proceso mismo de la renovación. (Renovación, p. 3)

Referencias

 – Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Husserl (Folios ediciones, trad. Hugo Steinberg 1984)

– Renovación del hombre y de la cultura, Husserl (Anthropos editorial 2002)

– La filosofía como autorreflexión, Husserl (en Invitación a la Fenomenología, Paidos 1992)

– Principios de Filosofía, Descartes (RBA 2002 trad. Guillermo Quintas)

– El problema de la crisis desde la fenomenología de Edmund Husserl, Rubén Sánchez M (2015)

Enlaces

La crisis de las ciencias como expresión de la radical crisis vital de la humanidad europea (Cap 1 de Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Husserl)

– Artículo El problema de la crisis desde la fenomenología de Edmund Husserl (Rubén Sanchez M) 

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